Tras idas y venidas. Después de discursos “realistas”. Y ante un escenario de conflicto en Irán que no parece acercarse a un cese de las hostilidades, los líderes europeos parecen converger hacia un punto común. La guerra abierta no es la de los europeos, por lo que no deben entrar. Esa ha sido la tónica de la mañana en una cumbre del Consejo Europeo en Bruselas que prometía estar dedicada al fortalecimiento del mercado único y ha terminado por ser un intercambio de inquietudes sobre Oriente Medio.
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El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, fue uno de los primeros que salió a defender “un orden basado en reglas” cuando algunos en la capital comunitaria creían que se estaba poniendo en cuestionamiento. Este jueves, en la sala, contaba con un aliado en esta posición. Al almuerzo de los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete se ha unido el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres.

“Estoy seguro de que la Unión Europea será absolutamente central en los esfuerzos para crear un orden internacional basado en el Estado de derecho”, ha expresado Guterres en el que será su último encuentro con los mandatarios del continente de su mandato, que termina en diciembre.
Por su parte, Costa ha constatado “que no hay alternativa a este orden, porque la alternativa es la guerra en Ucrania”. “La alternativa es la competencia desleal en el comercio, es una amenaza a la soberanía en Groenlandia y en otras partes del mundo”, ha recordado a los periodistas que le aguardaban en la sala donde minutos después se encontraría con los líderes del continente.
Made in Spain
Que España se oponía frontalmente a la guerra iniciada por Estados Unidos era algo que el resto de las delegaciones presentes en la cumbre conocían desde el primer momento. Ahora bien, durante los últimos días se han sucedido declaraciones de los dirigentes del continente en pro de la desescalada. Sin ir más lejos, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha defendido, a su llegada a Bruselas, “una moratoria sobre las infraestructuras civiles y la población civil en este conflicto”, así como el cese de los bombardeos.
Al inicio de la guerra, el canciller alemán, Friedrich Merz, se reunió en Washington, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, con su homólogo norteamericano, Donald Trump. En el Gobierno español no sentó del todo bien el hecho de que Berlín no saliera en defensa del presidente Pedro Sánchez cuando el republicano le recriminó su postura en contra del inicio de los bombardeos. El asunto llegó hasta tal punto que trascendió a la conversación pública la dificultad de contacto entre ambos líderes.

Ahora esas fricciones se han enterrado. Merz ha hecho este mismo jueves un llamamiento al cese de las hostilidades y en favor de un mandato internacional “que por ahora no existe”. “Solo podremos implicarnos cuando callen las armas. Entonces, estaremos en estrecho contacto no solo con Israel, sino también con los Estados del Golfo (...). Y entonces podremos hacer muchas cosas, incluso en lo relativo a las rutas marítimas y mantenerlas abiertas”, ha añadido. Por su parte, el español ha precisado que lo importante “es que en la reunión privada que tuvo con el presidente Donald Trump le explicara la solidaridad de Europa y, por supuesto, también de Alemania para con España ante una amenaza de coerción”.
El hombre del baile
Las miradas se posaban sobre él. Era consciente de ello. El presidente del Ejecutivo español se ha extendido más de lo habitual en sus declaraciones a la prensa al inicio de la cumbre. Se ha mostrado convencido de que si el continente aboga por un orden multilateral podrá influir en el cese de la guerra para “sentar en la mesa a aquellas partes que hoy están enfrentadas y encontrar soluciones pacíficas a conflictos que, por desgracia, están costando vidas humanas”.
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Más cautelosa en sus palabras, sin sorpresa por otra parte, ha sido la jefa de la diplomacia europea, que ha esquivado las dudas sobre los pronósticos para un fin de la guerra. Kaja Kallas redobla eso sí sus posiciones apelando a que la guerra no está amparada por el Derecho Internacional.

En La Moncloa consideran que un amplio conjunto de países se ha acabado sumando a su posición en el conflicto y, por ello, descartan la idea de elevar todavía más el tono contra la administración estadounidense. Algo que, si bien, el Partido Popular sigue criticando. También desde Bruselas, el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, se ha sorprendido al constatar que “ningún otro primer ministro ha confrontado con la administración estadounidense” como lo ha hecho Sánchez. Fuentes gubernamentales, satisfechas, sonríen y exclaman un “nuestra posición ha estado clara desde el principio”.
Las conversaciones se atascan en Kiev
La unidad lograda en torno a la situación en Oriente Medio no se observa en el asunto ucraniano. Según confirman fuentes diplomáticas, las conversaciones en este punto habrían terminado ya sin un acuerdo claro entre los líderes para levantar el veto a los noventa mil millones de euros en financiación que necesita Kiev antes de abril. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha lanzado un nuevo órdago a sus socios, alegando que, de no repararse un oleoducto que suministraba energía a su país, no daría luz verde de nuevo a la medida.
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Si bien es verdad, las conclusiones aprobadas mencionan el asunto y dicen acoger “con satisfacción la adopción del préstamo por parte de los colegisladores y espera el primer desembolso a Ucrania a principios de abril”. Un texto que no lleva la firma ni de Hungría ni de Eslovaquia y que subraya la importancia de nuevos esfuerzos sostenidos por parte de los europeos incluso para ayudar a Ucrania a proteger su energía y su infraestructura crítica.