Del “viviréis el infierno” de Trump a la contención europea: Costa presiona a Irán por Ormuz

El presidente del Consejo Europeo vuelve a reclamar el fin de los ataques y alerta del riesgo de una escalada regional tras cinco semanas de guerra

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El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha redoblado este lunes la presión sobre Teherán al exigir el cese inmediato de los ataques en la región y la restauración de la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, en un momento de máxima tensión tras más de cinco semanas de conflicto en Oriente Medio.

En un mensaje difundido en redes sociales, Costa ha defendido que “solo una solución diplomática” permitirá abordar las causas profundas de la crisis, al tiempo que ha advertido de que la actual espiral de violencia “no logrará ni el alto el fuego ni la paz”. El dirigente europeo ha insistido en que la vía militar no hará sino agravar un escenario ya de por sí volátil.

Asimismo, ha recalcado que los ataques contra infraestructuras civiles, en particular las energéticas, son “ilegales e inaceptables”, en una referencia que conecta tanto con el conflicto en Oriente Próximo como con la guerra en Ucrania. Costa ha puesto el foco en el impacto humanitario de la escalada y ha subrayado que la población civil iraní sería la principal víctima de una eventual ampliación de la ofensiva militar.

Presión europea sobre Teherán

Las declaraciones llegan días después de la conversación telefónica mantenida con el presidente iraní, Masud Pezeshkian, en la que trasladó la posición de la Unión Europea: desescalada inmediata, respeto del Derecho internacional y apuesta decidida por la vía diplomática.

Durante ese contacto, Costa ya había advertido de que la situación en la región es “extremadamente peligrosa” y había pedido a Teherán implicarse de forma constructiva en los esfuerzos internacionales, en particular en coordinación con Naciones Unidas y actores regionales. La prioridad, según Bruselas, pasa por garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, un punto estratégico por el que transita una parte sustancial del comercio energético mundial.

La UE busca así consolidar un papel de mediación en una crisis cada vez más internacionalizada, en la que confluyen intereses geopolíticos, energéticos y de seguridad global. Fuentes europeas subrayan que sin estabilidad en Ormuz, el impacto económico puede ser inmediato y de alcance global, especialmente en los mercados del petróleo y el gas.

Irán endurece su discurso y limita el tráfico marítimo

El llamamiento europeo coincide con un nuevo endurecimiento de la retórica iraní. La Guardia Revolucionaria ha advertido de que el estrecho de Ormuz “jamás volverá a ser como era”, en un mensaje dirigido especialmente a Estados Unidos e Israel tras la ofensiva conjunta lanzada el pasado 28 de febrero contra Teherán.

En un comunicado difundido este domingo, el mando naval iraní ha señalado además que está “completando los preparativos operativos” para un nuevo orden en el golfo Pérsico, lo que sugiere una estrategia de control más estricto sobre esta vía marítima clave.

En paralelo, desde el ámbito político, el portavoz del Parlamento iraní, Abbas Goudarzi, ha reforzado esta línea, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, ha advertido de que cualquier ataque contra infraestructuras energéticas iraníes constituiría un crimen de guerra.

Los datos sobre el tráfico marítimo reflejan ya el impacto de esta situación. Según la agencia estatal Fars, solo 15 buques han cruzado el estrecho en las últimas 24 horas con autorización iraní, lo que representa aproximadamente un 10 % del volumen habitual previo al estallido del conflicto. Esta reducción drástica alimenta la preocupación internacional por posibles interrupciones prolongadas en el suministro energético.

Washington eleva el tono 

En paralelo, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha intensificado la presión sobre Irán con su advertencia más contundente hasta la fecha. El mandatario ha asegurado que ordenará un ataque sin precedentes si Teherán no accede a reabrir el estrecho de Ormuz, en un mensaje de tono especialmente agresivo que marca un nuevo punto de inflexión en la crisis.

Trump ha llegado a afirmar que el próximo ataque estadounidense no tendrá comparación con operaciones anteriores, elevando así la incertidumbre sobre una posible escalada militar directa entre ambos países.

Desde Teherán, la respuesta no se ha hecho esperar. Además de las advertencias diplomáticas, el líder supremo, Mojtaba Jamenei, ha reiterado que el estrecho de Ormuz “debe seguir cerrado”, reforzando la idea de que Irán está dispuesto a mantener su posición pese a las amenazas externas.

Riesgo de escalada regional y consecuencias globales

El cruce de amenazas entre Washington y Teherán, sumado al papel de Israel en la ofensiva inicial, configura un escenario de alto riesgo de escalada regional, con potencial implicación de otros actores en Oriente Medio.

Analistas internacionales advierten de que cualquier incidente en Ormuz podría desencadenar una reacción en cadena, afectando no solo a la seguridad regional, sino también a la economía global. El estrecho es considerado uno de los principales cuellos de botella energéticos del mundo, por lo que su bloqueo o restricción tiene efectos inmediatos en los precios del crudo y en las cadenas de suministro.

En este contexto, la Unión Europea insiste en la necesidad de evitar una deriva militar y apuesta por reforzar los canales diplomáticos. Costa ha reiterado que “debe haber espacio para la diplomacia” y ha subrayado la disposición europea a colaborar en cualquier նախաձեռնativa que contribuya a reducir la tensión.

La diplomacia, única salida según Bruselas

La posición europea se resume en una idea central: sin negociación no habrá solución sostenible al conflicto. Frente al aumento de la retórica beligerante y los movimientos militares, Bruselas intenta mantener abierta una vía de diálogo que, por el momento, se presenta frágil.

Costa ha apelado a la responsabilidad de todas las partes implicadas y ha recordado que la historia reciente demuestra los costes humanos y económicos de las escaladas no controladas. En este sentido, ha insistido en que la prioridad debe ser proteger a la población civil y evitar daños a infraestructuras críticas.

Con la situación deteriorándose sobre el terreno y el margen diplomático estrechándose, el mensaje de la Unión Europea busca contener una crisis que amenaza con desbordarse. Sin embargo, el endurecimiento de las posiciones y el aumento de las amenazas dibujan un horizonte incierto, en el que la diplomacia se enfrenta a uno de sus mayores desafíos recientes.