La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, tiene una nueva mano derecha en su gabinete. El irlandés Anthony Whelan ha sido el elegido para ocupar uno de los cargos técnicos de mayor relevancia en el seno del ejecutivo comunitario. Concretamente, pasará al frente de la Dirección General de Competencia.
Whelan es un viejo conocido en la rotonda Schuman. Hasta ahora era el director general adjunto de Ayudas de Estado en el mismo equipo. Sin embargo, su perfil se dio a conocer más en profundidad en Bruselas por su misión al frente de las negociaciones con las grandes compañías digitales como Microsoft o Google, como asesor digital de la presidenta Ursula von der Leyen. “Su profesionalidad será esencial para defender lo que más importa en la aplicación de la competencia: objetividad, independencia e igualdad de trato para todas las empresas que operan en Europa”, ha expresado Ribera tras su nombramiento.
Fuego cruzado en Competencia
Este cambio llega en un momento estratégico en el departamento de la vicepresidenta. En las próximas semanas presentará una revisión sobre el actual modelo de fusiones que rige en el bloque europeo. No es un trámite menor. Von der Leyen, junto con algunos aliados como el responsable de Industria, Stéphane Séjourné, está intentando presionar para flexibilizar los controles que actualmente ejerce la Comisión en este tipo de operaciones empresariales bajo la premisa de la “resiliencia”.
Según pudo saber Demócrata, tras un debate de orientación entre los comisarios europeos, la batalla, a días de que se presenten los primeros borradores, se encuentra por el momento en los departamentos técnicos del ejecutivo comunitario. Ribera quiere que las directrices revisadas proporcionen “una orientación clara y directa, incluidos criterios concretos sobre cuándo la escala puede beneficiar al Mercado Único”.
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Pero la tensión está en el hecho de que parte de los legisladores temen que la resiliencia termine eliminando proveedores esenciales y obligando a los clientes a optar por alternativas más arriesgadas. “Nuestro objetivo es sencillo: las directrices deben proporcionar a las empresas la claridad que necesitan para seguir sus ambiciones industriales, preservando al mismo tiempo el mercado competitivo”, expresa la comisaria.
Asesor de confianza de la presidenta, Whelan ha estado detrás de alguna de las regulaciones de mayor alcance en Bruselas, como la Ley de Mercados Digitales y la Ley de Servicios Digitales. Durante la campaña electoral de las elecciones europeas, llegó a ejercer como jefe de gabinete de la dirigente, mientras Björn Seibert estaba al frente de la estrategia para los comicios.
Antes, fue director de Redes y Servicios de Comunicaciones Electrónicas, liderando iniciativas relacionadas con el roaming, la neutralidad de la red y el despliegue del 5G. Es licenciado en Derecho por el Trinity College de Irlanda. También trabajó como jefe de gabinete de la comisaria, primero de Competencia y más tarde de Agenda Digital, Neelie Kroes.
"Actuar con justicia"
Para Ribera, este nombramiento es un mensaje de que su deber principal “se basa en un principio kantiano sencillo: actuar con justicia y proteger a los más vulnerables”. “En estos tiempos inciertos, nuestra responsabilidad es más importante que nunca: para hacer cumplir nuestras normas con firmeza y para mantenerse libre de cualquier presión distorsionadora”, ha afirmado la vicepresidenta.
El movimiento ha podido pillar desprevenidos a algunos dentro de la Comisión. A principios de año, en una entrevista con el Financial Times, la española mostró su voluntad de que el cargo recayese en una mujer.
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El principal impulsor de una mayor flexibilidad en los nuevos modelos de fusiones, con el que se estaría encontrando Competencia en la rotonda Schuman, Séjourné, puede tener en Whelan un nuevo socio. El vicepresidente y responsable de Mercado Interior comunitario es partidario de que Bruselas permita alianzas nacionales y acabe abriendo la puerta a campeones nacionales que operen como campeones europeos. Los partidarios de esta reforma argumentan que el control de concentraciones debe reconocer positivamente cuando una fusión refuerza la resiliencia.