Al menos 300 fallecidos por un corrimiento de tierra en una mina de coltán en el este de la RDC

El derrumbe en una mina de coltán en Rubaya deja al menos 300 muertos y un centenar de desaparecidos en una zona controlada por el grupo rebelde M23.

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Trabajadores en una mina de coltán en Rubaya, en el este de República Democrática del Congo (archivo) Europa Press/Contacto/Alain Uaykani

Trabajadores en una mina de coltán en Rubaya, en el este de República Democrática del Congo (archivo) Europa Press/Contacto/Alain Uaykani

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El número de fallecidos por el corrimiento de tierra ocurrido la semana pasada en una explotación de coltán situada en Rubaya, en la provincia de Kivu Norte, en el este de la República Democrática del Congo (RDC), ha aumentado hasta, al menos, 300 víctimas mortales. Las autoridades temen que el balance continúe en alza, ya que se calcula que alrededor de un centenar de personas siguen desaparecidas.

El deslizamiento sepultó a cientos de mineros que trabajaban en el yacimiento, además de a comerciantes y otros presentes en la zona, según ha detallado la emisora congoleña Radio Okapi. El medio ha señalado que muchas de las víctimas fueron arrastradas por la crecida de varios ríos cercanos, lo que complica seriamente las tareas de búsqueda y rescate.

Telesphore Mitondeke, presidente de la coordinación territorial de la sociedad civil en Masisi, el territorio donde se ubica Rubaya, ha denunciado que “la explotación de numerosas minas, principalmente en el perímetro de Rubaya, es llevada a cabo sin estudio de impacto social o ambiental”.

“Reclamamos el cese inmediato de toda explotación ilegal en las zonas bajo ocupación hasta que se restablezca el marco legal”, ha añadido, aludiendo a que el área está bajo dominio del grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23), que expulsó en 2025 al Ejército de amplias zonas de Kivu Norte y Kivu Sur, incluidas sus capitales, Goma y Bukavu.

En esta línea, el Gobierno congoleño ha acusado recientemente a Ruanda, aliado del M23, de aprovecharse de la explotación de los yacimientos de coltán situados en las áreas controladas por la insurgencia, especialmente en Rubaya, donde se estima una producción mensual de entre 112 y 125 toneladas.

El M23 respondió a estas acusaciones manifestando su “profunda indignación” ante “el comportamiento irresponsable, motivado políticamente y engañoso por parte del régimen de Kinshasa”. “En lugar de asumir su responsabilidad por sus prolongados fracasos a la hora de gestionar el sector minero, intentan explotar un trágico accidente causado por las lluvias torrenciales en minas artesanales de Rubaya para buscar beneficio político”, afirmó el grupo.

“En lugar de mostrar contención y compasión, las autoridades de Kinshasa han elegido manipular a la opinión pública para ocultar su aplastante historial de negligencia en lo relativo a la seguridad en la minería”, añadió la formación rebelde, que acompañó su comunicado con un listado de accidentes mortales ocurridos en explotaciones mineras del país en los últimos años.