Las autoridades de Filipinas han comunicado este viernes que, como consecuencia de los corrimientos de tierra desencadenados por las intensas lluvias torrenciales en las provincias de Dávao Oriental y Dávao de Oro, en el sureste del país, al menos siete personas han perdido la vida y más de 3.000 vecinos se han visto obligados a dejar sus hogares.
Los equipos de emergencia mantienen activas las labores de búsqueda y rescate, con especial intensidad en la ciudad de Mati, en Dávao Oriental, una de las zonas más golpeadas por el temporal. En esta localidad se han localizado los cuerpos sin vida de cuatro integrantes de una misma familia: una pareja y sus dos hijas, de cinco y trece años.
Además, otras tres personas han muerto en Barangay, en Dávao de Oro, también en la isla de Mindanao, tras el derrumbe de su vivienda. De acuerdo con la cadena de televisión ABS-CBN, varios inmuebles de la zona han quedado igualmente destruidos por los desprendimientos de tierra.
Las fuertes precipitaciones han afectado ya a unas 10.000 personas y han obligado a suspender las clases y a cerrar numerosos comercios en distintos puntos del sureste del país, una región que con frecuencia se ve azotada por tormentas y tifones.