La organización Amnistía Internacional (AI) ha puesto el foco en el impacto específico que sufren las mujeres y las niñas por el colapso del sistema de salud y el desplazamiento masivo en la Franja de Gaza, con consecuencias "potencialmente mortales" derivadas de la ausencia de atención reproductiva, materna y neonatal, la interrupción de tratamientos para patologías crónicas y las demoras en las evacuaciones médicas.
"Mientras la tensiones en Oriente Próximo aumentan considerablemente tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, no debemos olvidar el genocidio que está cometiendo Israel contra la población palestina de Gaza y el precio brutal que están pagando las mujeres y las niñas", ha advertido la secretaria general de AI, Agnès Callamard.
"También es la consecuencia previsible de las calculadas políticas y prácticas israelíes de desplazamientos masivos múltiples; restricciones deliberadas de artículos básicos y esenciales, así como de la asistencia humanitaria, y de dos años de bombardeos implacables que han destruido el sistema de salud de Gaza y diezmado familias enteras", ha argüido.
En este escenario, muchas mujeres se ven obligadas a dar a luz sin supervisión sanitaria adecuada, atravesando el embarazo y el posparto en situación de desplazamiento, hacinadas en "lugares superpoblados e insalubres" y afrontando, como el resto de la población, "el hambre, las enfermedades y el trauma".
La ONG recalca que el problema no se limita a las embarazadas o lactantes, sino que golpea también a madres de bebés y menores, a mujeres con dolencias crónicas o discapacidades, a quienes se recuperan de heridas, han quedado viudas o han perdido familiares, así como a las que menstrúan o han perdido su empleo y el acceso a la educación.
Colapso de la atención sanitaria y falta de recursos
Amnistía ha subrayado el hundimiento de los servicios de salud reproductiva y materna, junto con las trabas a la entrada de ayuda y productos de higiene, en un contexto de ataques continuos, desplazamientos reiterados y destrucción de infraestructuras de saneamiento.
Datos recientes del Ministerio de Sanidad gazatí indican que falta el 46% de los medicamentos esenciales, entre ellos los que se utilizan para inducir contracciones, controlar hemorragias durante el parto y el posparto, la anestesia y los analgésicos, además de fármacos contra infecciones y problemas respiratorios.
Las últimas previsiones de la Clasificación Integrada en Fases de la Seguridad Alimentaria apuntan a que 37.000 mujeres embarazadas y lactantes padecerán malnutrición aguda y requerirán tratamiento antes de mediados de octubre de 2026.
Profesionales sanitarios entrevistados por Amnistía explican que, pese al alto el fuego, las gestantes afrontan una escasez extrema de alimentos, medicación y suplementos durante gran parte del embarazo y la recuperación posparto. Muchas embarazadas presentan anemia por malnutrición y enfermedades asociadas al consumo de agua contaminada.
"Las condiciones del desplazamiento han provocado enfermedades infecciosas y la mayoría de mujeres llegan aquí con estrés, trauma e incertidumbre tras haber sufrido múltiples desplazamientos y perdido seres queridos, sin poder obtener los alimentos nutritivos que necesitan", asegura el médico neonatólogo Naser Bulbol, del departamento de obstetricia del hospital de Al Helu.
La falta de material obliga con frecuencia a renunciar a pruebas diagnósticas y, en ocasiones, a utilizar anestesia caducada. Esta combinación ha derivado en un incremento muy acusado de partos prematuros, recién nacidos con bajo peso y cuadros de depresión posparto, entre otras complicaciones.
En el hospital de Al Helu solo hay 12 incubadoras, seis de ellas destinadas a cuidados intensivos neonatales, pero ninguna dispone de los monitores cardiorrespiratorios imprescindibles. Según el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), las unidades neonatales de Gaza trabajan al 150-170% de su capacidad, con hasta tres bebés por incubadora.
Todas las embarazadas entrevistadas por Amnistía relatan que únicamente han tenido controles prenatales esporádicos, y muchas no han podido resguardarse con sus recién nacidos del frío intenso y las tormentas invernales.
"Perdí muchísimo peso; pesaba sólo 43 kilos y en el hospital de campaña donde di a luz me dijeron que sufro malnutrición. Mi bebé nació con una infección pulmonar bilateral. Estuvo varios días en la unidad de cuidados intensivos y ahora está algo mejor, pero sigue sin poder respirar bien por sí mismo y está en una incubadora", dice Hind, quien dio a luz el pasado 19 de enero.
La mujer ha afirmado que tiene "miedo" de que su hijo se ponga aún más enfermo, ya que vive en una tienda de campaña junto al mar. "Además tengo otro bebé de 18 meses que también está enfermo por el frío", aclara a la ONG.
Mariam, de 22 años y desplazada en Deir al Balá, tuvo a su primer hijo con diagnóstico de malnutrición y anemia. Denuncia que apenas puede comprar leche de fórmula porque no produce suficiente leche materna y que le resulta muy difícil mantener caliente al bebé, puesto que, como Hind, reside en una tienda.
La comadrona jefe del hospital de Al Auda, Maisun abu Bureik, subraya además el peso emocional que cargan las madres recientes que han perdido a su pareja o a buena parte de su familia. "No hay nada que puedas decir o hacer para ayudarla", añade.
Amnistía detalla que todas las mujeres embarazadas y lactantes con las que ha hablado en ciudad de Gaza, Al Mauasi, Deir al Balá o Nuseirat afrontan serios problemas para adquirir artículos de higiene, como compresas, champú o jabón, aunque el acceso ha mejorado ligeramente desde enero de 2026.
Cáncer de mama y obstáculos a las evacuaciones médicas
En paralelo, Israel continúa controlando y restringiendo de forma severa las evacuaciones médicas. Estas limitaciones golpean especialmente a las pacientes con cáncer de mama, que sufren la falta de suministros, incluidos los fármacos de quimioterapia.
"No hay ningún hospital en Gaza que ofrezca actualmente radioterapia. También tenemos una grave escasez de equipos de diagnóstico. No hay suficientes aparatos de resonancia magnética operativos en toda Gaza", advierte una enfermera a la ONG.
La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha señalado que Israel considera que determinados equipos de laboratorio y materiales necesarios para pruebas diagnósticas e imagen son de "doble uso", motivo por el cual ha vetado su entrada en el enclave.
Una mujer que ha sido desplazada hasta en cuatro ocasiones y que recibe tratamiento oncológico —fue diagnosticada el año pasado— en el hospital de Al Helu relata a la organización que sus sesiones se han pospuesto en dos ocasiones por falta de medicación.
"Cuando tengo las suerte de recibir quimioterapia, duermo aquí uno o dos días para recuperarme, pero luego tengo que volver a mi tienda, donde tengo que beber agua que no está limpia, ducharme con agua que no está limpia, aunque lo peor de todo es que no puedo dormir ni descansar", alega Iman, quien se encuentra en la lista de personas a evacuar y sigue esperando.
Otra mujer, madre de siete hijos y diagnosticada con un tumor en el lóbulo frontal, Nisrine, cuenta a Amnistía que, además de la enfermedad, ha tenido que afrontar la muerte de su madre y de sus hermanos en un ataque israelí. "Caí en una depresión severa. El desplazamiento constante te va quitando la vida; te agota. Lo más duro es tener que empezar de cero de nuevo cada vez", señala.
Ante este panorama, Callamard insiste en la necesidad de "apoyar con firmeza a las mujeres y las niñas palestinas de Gaza y pedir, una vez más, a los Estados que tomen medidas significativas para poner fin al genocidio de Israel y a su ocupación ilegal, lo que incluye garantizar que las mujeres y las niñas tienen acceso a sus derechos".