Estados Unidos e Irán han concluido en Islamabad, capital de Pakistán, una intensa y única jornada de contactos directos sin lograr un entendimiento. La cita, celebrada en el Hotel Serena y sin precedentes desde la Revolución Islámica, no ha bastado para superar de un plumazo más de cuatro décadas de enemistad ni para despejar el futuro del conflicto iniciado el pasado 28 de febrero, actualmente congelado por un frágil alto el fuego de desenlace imprevisible.
El responsable de certificar el fracaso ha sido el jefe del equipo negociador estadounidense, el vicepresidente JD Vance. Al término de la reunión, Vance ha puesto el foco en uno de los principales escollos entre ambos países: la ausencia de garantías sólidas por parte de Teherán sobre el carácter exclusivamente civil de su programa atómico.
"La simple realidad es que necesitamos ver un compromiso firme de que no buscarán un arma nuclear y de que no buscarán las herramientas que les permitan conseguir rápidamente un arma nuclear", ha declarado, subrayando que este punto constituye la prioridad de la Casa Blanca. Como único elemento positivo ha destacado la posibilidad de sentarse frente a frente y mantener "estas sustanciosas conversaciones" durante casi un día completo.
Vance ha defendido que Washington ha acudido con margen de maniobra y voluntad de pacto. "Creemos que hemos sido bastante flexibles y razonables. El presidente nos pidió que viniéramos con buena fe y hiciéramos el máximo esfuerzo para lograr un acuerdo, y eso hemos hecho", ha apuntado, antes de confirmar que la delegación regresa a Estados Unidos sin un texto consensuado. A su juicio, la falta de resultados golpea sobre todo a Teherán: "No hemos llegado a un acuerdo, y creo que eso es mucho más perjudicial para Irán que para los Estados Unidos de América".
El vicepresidente abandona Islamabad dejando sobre la mesa una "oferta final", la "mejor" que, según él, Irán recibirá de Washington. Ahora queda en manos del presidente Donald Trump, que durante la noche ha seguido desde Miami una velada de artes marciales mixtas junto a su secretario de Estado, Marco Rubio, decidir los próximos pasos.
Desconfianza estructural en el bando iraní
Al otro lado de la mesa, el presidente del Parlamento iraní y jefe de la delegación, Mohamed Baqer Qalifab, ha recalcado que para Teherán todo gira en torno a la "confianza" y ha defendido las "iniciativas progresistas" que, según él, han planteado sus enviados.
No obstante, ha admitido que "la contraparte", en alusión a Estados Unidos, "no pudo ganarse la confianza de la delegación iraní en esta ronda de negociaciones". Aun así, ha querido subrayar que "Estados Unidos ha comprendido nuestra lógica y principios, y ahora es el momento de que decida si puede ganarse nuestra confianza o no".
En la misma línea, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmaeil Baqaei, ha reprochado la rigidez de la delegación norteamericana, a la que acusa de pretender resolver de golpe cuatro décadas de disputas y 40 días de guerra.
"Estas negociaciones se celebraron tras 40 días de guerra impuesta y en un clima de recelo. Es natural que desde el principio no esperáramos llegar a un acuerdo en una sola sesión", ha señalado Baqaei, rebajando las expectativas sobre un desenlace inmediato.
Fuentes iraníes cercanas a las conversaciones han detallado los principales nudos que han impedido un avance: el futuro del estrecho de Ormuz, actualmente bajo control de Irán; el destino de casi 400 kilos de uranio altamente enriquecido en manos de Teherán; y la descongelación de unos 25.000 millones de euros en activos iraníes bloqueados por las sanciones internacionales.
Ninguno de estos asuntos ha quedado resuelto en la capital paquistaní, con especial tensión en torno a Ormuz. Según informaciones recogidas por el 'New York Times', los negociadores iraníes han trasladado que solo reabrirán completamente y sin restricciones el estrecho cuando se rubrique un acuerdo de paz definitivo.
En este contexto, el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, uno de los principales representantes iraníes en Islamabad, ya advertía el sábado de que Teherán encaraba las conversaciones con una desconfianza total, recordando que Estados Unidos e Israel desencadenaron la guerra con un "ataque traicionero" mientras seguían abiertas las discusiones bilaterales sobre el programa nuclear.
Aunque no cierra la puerta a nuevos contactos, Baqaei ha insistido en que Washington debe modificar su enfoque si quiere encauzar la crisis. "El éxito de este proceso diplomático depende de la seriedad y la buena fe de la contraparte, la abstención de exigencias excesivas y demandas ilegales, y la aceptación de los derechos legítimos e intereses justos de Irán", ha remarcado.
El incidente en Ormuz y las críticas a la estrategia de EEUU
El ambiente se ha visto aún más enrarecido por un episodio confuso en pleno estrecho de Ormuz durante las negociaciones. Dos destructores estadounidenses participaron en una operación previa de desminado que activó las alarmas del sistema defensivo iraní. Teherán asegura que el despliegue de respuesta obligó a los buques a retirarse, mientras que el Ejército de EEUU sostiene que la misión, amparada en el "derecho internacional a la libre navegación", concluyó sin contratiempos.
Para los negociadores iraníes, sucesos como éste evidencian que Washington llegó a Islamabad con una postura preconcebida y confiado en obtener un resultado claramente favorable. Figuras influyentes en Irán, como el ex ministro de Exteriores Javad Zarif, han reiterado que la aproximación estadounidense es errónea. "A ver si aprenden que a Irán no se le pueden imponer términos. Todavía no es tarde", ha escrito en redes sociales.
También desde Europa han llegado advertencias sobre la táctica de la Casa Blanca. El ex embajador de Francia en Estados Unidos y veterano negociador nuclear Gérard Araud ha recordado en redes sociales que la peor forma de encarar un diálogo con Teherán es desde posiciones maximalistas. "Negociar con los iraníes es como una guerra de trincheras diplomática. Línea por línea, palabra por palabra", ha señalado Araud, que participó en las conversaciones que desembocaron en el acuerdo nuclear de 2015, roto tres años más tarde por la retirada unilateral anunciada por Donald Trump.
"El compromiso iraní de no desarrollar armas nucleares", ha recodado Araud, "quedó explícito en el acuerdo de 2015 que la administración Trump denunció en 2018, y dicho acuerdo fue respaldado por la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU".
Desde la óptica de Teherán, ha añadido, "Desde la perspectiva iraní, las negociaciones no parten de cero, sino que se basan en un acuerdo avalado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Cualquier nueva negociación debe fundamentarse en este precedente: las palabras tienen significado y las propuestas, historia".