Ampliación | La Policía israelí bloquea la entrada del patriarca latino de Jerusalén a la misa de Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro

El veto policial al cardenal Pizzaballa en el Santo Sepulcro desata una fuerte protesta del Patriarcado Latino y una cascada de condenas internacionales.

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El patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, oficia una misa en la iglesia del Santo Sepulcro (imagen de archivo) Europa Press/Contacto/Nir Alon

El patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, oficia una misa en la iglesia del Santo Sepulcro (imagen de archivo) Europa Press/Contacto/Nir Alon

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El Patriarcado Latino de Jerusalén ha denunciado este domingo que la Policía israelí impidió el acceso del máximo representante de la iglesia Católica en la ciudad, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, a la tradicional misa del Domingo de Ramos en la iglesia del Santo Sepulcro, una actuación de la que afirma que «no hay precedentes desde hace siglos».

Según un comunicado difundido este domingo, los agentes israelíes interceptaron la caravana privada en la que viajaba Pizzaballa cuando se dirigía a uno de los principales lugares de culto del planeta, considerado además símbolo de la convivencia religiosa en Jerusalén, y obligaron a la comitiva a regresar.

Junto al patriarca también fue rechazado el custodio de Tierra Santa, el reverendo Francesco Ielpo, responsable de la iglesia del Santo Sepulcro. La Policía israelí justificó la medida en razones de seguridad, lo que ha provocado una dura respuesta del Patriarcado Latino de Jerusalén, que ha calificado lo ocurrido como «un grave precedente que ignora la sensibilidad de miles de millones de personas de todo el mundo, cuyas miradas están centradas en Jerusalén» durante la Semana Santa.

Los líderes de las Iglesias de Jerusalén recuerdan que, desde el estallido de la guerra de Gaza en 2023 y ahora en el contexto de la guerra con Irán, siempre han actuado «con plena responsabilidad» aceptando las limitaciones impuestas por las autoridades.

Para el Patriarcado, «impedir la entrada del cardenal y del custodio, quienes ostentan la máxima responsabilidad eclesiástica para la Iglesia Católica y los Santos Lugares, constituye una medida manifiestamente irrazonable y desproporcionada».

La institución va más allá y lamenta una decisión «precipitada y fundamentalmente errónea, viciada por consideraciones inapropiadas, que representa una desviación extrema de los principios básicos de razonabilidad, libertad de culto y respeto al statu quo».

Como consecuencia, el Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa «expresan su profundo pesar a los fieles cristianos en Tierra Santa y en todo el mundo por la imposibilidad de orar en uno de los días más sagrados del calendario cristiano».

Más tarde, el propio Patriarcado Latino informó de que la tradicional procesión del Domingo de Ramos fue cancelada y que la jornada se conmemoró «de una forma diferente».

En su lugar, «Pizzaballa ha presidido la liturgia de la palabra --segunda de las cuatro partes de la misa católica--, seguida de la bendición del Relicario de la Santa Cruz, ofrecida hacia la ciudad de Jerusalén y la Basílica de las Naciones de Getsemaní, mientras se elevaban las plegarias por la paz y la reconciliación de toda la humanidad», detalló la institución en redes sociales.

Por otro lado, sí pudo celebrarse la oración por la paz en el santuario de Dominus Flevit, en el monte de los Olivos, donde el cardenal insistió en el papel de la fe como «instrumento de paz y reconciliación» para vivir en «amistad, hermandad y paz» pese a la «complicada situación» actual.

La versión de la Policía israelí y las restricciones de seguridad

En su respuesta, la Policía israelí sostuvo que la decisión obedeció exclusivamente a criterios de seguridad, siguiendo las órdenes del Ejército en el marco de la guerra contra Irán, y aseguró que el sábado ya había comunicado al Patriarcado Latino que la visita no podría llevarse a cabo por este motivo.

«De acuerdo con las directrices del Comando del Frente Interno, todos los lugares sagrados de la Ciudad Vieja de Jerusalén han sido cerrados al acceso de los fieles, en particular aquellos que no cuentan con un espacio protegido», señaló la nota policial.

La institución añadió que «la solicitud del Patriarcado fue revisada anoche y se aclaró que no puede ser aprobada por las mismas razones detalladas anteriormente», aludiendo a la petición «excepcional» cursada por la autoridad católica. A su juicio, «la libertad de culto sigue siendo un valor garantizado, pero hay restricciones necesarias».

En este contexto, la Policía considera que «la Ciudad Vieja y los lugares sagrados constituyen una zona compleja que impide el acceso de vehículos de emergencia y rescate de gran tamaño, lo que representa un desafío significativo para las fuerzas de seguridad y constituye un peligro real para la vida humana en caso de un incidente con múltiples víctimas».

Las autoridades israelíes recalcan que la decisión se adoptó por motivos de seguridad, en línea con las limitaciones dictadas por el Ejército como medida preventiva ante un eventual ataque iraní. Sin embargo, la misa estaba prevista prácticamente a puerta cerrada en la Basílica del Santo Sepulcro, con solo dos participantes, el cardenal y el custodio, muy por debajo del tope de 50 personas fijado como máximo para reuniones por la actual legislación de excepción israelí.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha respaldado públicamente la actuación policial, aunque ha avanzado que ya se trabaja en fórmulas para que la comunidad cristiana pueda conmemorar la Semana Santa en Jerusalén. «No hubo ninguna malicia, sino solo preocupación por su seguridad y la de su comitiva», ha subrayado.

Ola de críticas y protestas internacionales

Gobiernos de países como Italia, Francia, España, Brasil y también Estados Unidos, aliado clave de Israel, han manifestado su rechazo a que se impidiera al cardenal Pizzaballa celebrar la misa de Domingo de Ramos en la iglesia del Santo Sepulcro.

Italia fue uno de los primeros en reaccionar. La primera ministra, Giorgia Meloni, trasladó su censura sin matices a lo sucedido. «Impedir la entrada del Patriarca de Jerusalén y del Custodio de Tierra Santa, especialmente en una solemnidad tan central para la fe como el Domingo de Ramos, constituye una ofensa no solo para los creyentes, sino para toda comunidad que reconoce la libertad religiosa», afirmó.

El Gobierno italiano ha presentado una queja formal ante Israel y ha convocado al embajador israelí en Roma por este incidente «inaceptable», según comunicó el ministro de Exteriores, Antonio Tajani.

Incluso el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, considerado muy cercano a las autoridades israelíes, expresó su malestar por la medida. Aunque Huckabee reconoce la necesidad de imponer este tipo de normas, considera que lo ocurrido «constituye un lamentable abuso de poder que ya está teniendo importantes repercusiones a nivel mundial».

«Resulta difícil comprender o justificar que se le impida al patriarca entrar a la iglesia el Domingo de Ramos para una ceremonia privada», añadió el diplomático estadounidense.

Desde España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reclamado a Israel respeto por «la diversidad de credos y el derecho internacional» tras responsabilizar al primer ministro Benjamin Netanyahu de impedir «a los católicos celebrar el Domingo de Ramos en los Lugares Santos de Jerusalén».

Entre los países árabes, Jordania y Palestina han denunciado el episodio por considerarlo «una flagrante violación del derecho internacional, del derecho internacional humanitario y del statu quo jurídico e histórico vigente, así como una violación de la libertad de acceso irrestricto a los lugares de culto», de acuerdo con el comunicado emitido por Amán, cuyo Gobierno ostenta formalmente la Administración de Asuntos Religiosos de Jerusalén.

También han expresado su preocupación el presidente de Polonia, Karol Nawrocki, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Portugal y el Ministerio de Exteriores de Brasil, que se han sumado a la cadena de reproches diplomáticos por lo sucedido en el Santo Sepulcro.