Las autoridades de la región semiautónoma del noreste de Siria han proclamado el estado de movilización general entre la población tras los avances registrados en las últimas horas por el Ejército sirio en la zona, después del fracaso del alto el fuego del pasado sábado. Esta nueva ofensiva amenaza con desencadenar una crisis añadida en los campos donde se encuentran las familias de yihadistas de Estado Islámico, bajo custodia de las fuerzas kurdas.
En este contexto, el Ejército sirio ha tomado en las últimas horas el control de la estratégica localidad de Tabqa, en el área rural de la provincia de Raqqa, así como de la cercana presa del Éufrates. Esta operación militar ha llevado a las autoridades kurdas de la región a situarse en un nivel de alerta máxima ante el riesgo de una escalada mayor.
Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), consideradas el Ejército "oficioso" de la administración kurda, han acusado a las fuerzas gubernamentales de vulnerar sin reparos los términos del cese de hostilidades. Según denuncian, primero habrían entrado en varias localidades antes de que las FDS pudieran completar su retirada y, posteriormente, habrían atacado ciudades que quedaban fuera del alcance del acuerdo.
El Ejecutivo de Damasco, por el contrario, sostiene que sus tropas han sido objeto de ataques no provocados y señala la implicación de combatientes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), ideológicamente cercano a algunos de los grupos integrados en las FDS y catalogado como organización terrorista por Turquía, aliada de las autoridades sirias. No obstante, subraya que estas formaciones se encuentran en proceso de disolución.
Mientras tanto, Estados Unidos, aliado de las FDS en la lucha contra Estado Islámico, y Francia han reiterado en las últimas horas sus llamamientos a restaurar el alto el fuego. Sin embargo, la Administración Autónoma para el Norte y el Este de Siria (AANES) ha advertido de que la situación ha llegado a un punto límite.
“Nos encontramos en una coyuntura crítica: o resistimos y vivimos con dignidad, o nos vemos sometidos a toda forma de opresión y humillación. En consecuencia, hacemos un llamamiento a nuestro pueblo a responder a la decisión de movilización general”, hace saber en un comunicado.
La AANES califica el momento actual como una “guerra existencial” y recalca que “para preservar los logros de la revolución y nuestra identidad, solo hay una opción: la resistencia popular”, por lo que insta a la población “a unirse para hacer frente a este brutal ataque y a garantizar que todos permanezcan en alerta máxima”.
En un mensaje posterior, el comandante de las FDS, Mazloum Abdi, ha reclamado al pueblo kurdo-sirio que se agrupe “en torno a sus hijos entre nuestros combatientes y a mostrar coraje y fe”, antes de confirmar que, pese a la continuidad de los combates, la AANES y las FDS mantienen sus “esfuerzos para lograr la distensión y un alto el fuego con la ayuda de actores internacionales”.
Riesgo creciente en los campos de familias de Estado Islámico
En el noreste de Siria se ubican los campamentos de Al Hol y Roj, donde permanecen todavía miles de familiares de combatientes de Estado Islámico bajo vigilancia de las fuerzas kurdas. La situación, ya de por sí extremadamente delicada, podría deteriorarse aún más con el avance de las tropas gubernamentales, según ha alertado el copresidente de la oficina de Asuntos de Personas Desplazadas y Refugiados de la AANES, Sheijmous Ahmed.
“Las continuas operaciones militares de las facciones afiliadas al gobierno de Damasco amenazan con desestabilizar la seguridad no solo a nivel local, sino que también representan un peligro para la paz civil y la estabilidad regional, dada la precaria situación de seguridad en los campamentos y prisiones donde se encuentran los miembros de Estado Islámico. Esto podría provocar una explosión de seguridad a gran escala, como una bomba de relojería”, ha avisado.
El responsable ha añadido que “estas condiciones peligrosas podrían llevar a la suspensión o al cese total de las operaciones humanitarias llevadas a cabo por organizaciones internacionales, lo que exacerbaría el sufrimiento humanitario y pondría en riesgo a miles de civiles, especialmente mujeres y niños”.