El Ejército de Malí ha informado de que varios grupos armados han puesto en marcha esta madrugada una ofensiva simultánea en distintos frentes contra posiciones de las fuerzas malienses, tanto en cuarteles de la capital, Bamako, como en otros enclaves del país. La operación supone un desafío directo para la junta militar en el poder y para su principal socio en materia de seguridad, Rusia.
El grupo separatista tuareg Frente de Liberación para el Azawad (FLA) se ha responsabilizado de estos ataques, en coordinación con un aliado poco habitual: la organización yihadista Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), vinculada a Al Qaeda. Según avanzaron en su momento fuentes de Radio France Internationale, ambas partes habrían mantenido contactos en los últimos meses para preparar esta ofensiva conjunta.
El Ejército maliense confirmó los combates a mediodía de este sábado a través de sus redes sociales y, unas horas después, aseguró que la situación estaba bajo control, rechazando como mera propaganda los mensajes de portavoces del FLA que proclamaban la toma de Kidal, una localidad de gran valor estratégico.
Medios locales han informado de enfrentamientos en Bamako —donde, de acuerdo con la Embajada de EEUU en el país, se han registrado explosiones en las inmediaciones del aeropuerto— y en las ciudades de Kati, Gao y Mopti. En Kati, situada a poca distancia de la capital, se ubica la residencia del líder del golpe de Estado, el general Assimi Goita.
Por el momento, tanto Estados Unidos como China han instado a sus nacionales a extremar las precauciones. La Embajada de Estados Unidos ha ordenado a sus ciudadanos en Malí que busquen refugio de inmediato tras confirmar explosiones en el aeropuerto de Bamako.
La Embajada de China “recuerda a los ciudadanos chinos que se abstengan temporalmente de viajar a Malí” y, a quienes permanezcan en el país, les pide que extremen la prudencia, sigan de cerca la evolución de la situación de seguridad y eviten salir “a menos que sea estrictamente necesario”.
Pekín mantiene importantes intereses económicos en Malí, considerado un actor de peso en el mercado del litio. Iniciativas como la mina Goulamina, respaldadas por capital chino, refuerzan la relevancia estratégica del país en esta industria.
Una alianza entre yihadistas y tuaregs
En marzo de este año, fuentes de RFI ya apuntaban a contactos entre dirigentes yihadistas y líderes tuaregs con el objetivo de lanzar ataques coordinados contra las Fuerzas Armadas malienses y sus principales socios internacionales: mercenarios rusos del antiguo Grupo Wagner, ahora Africa Corps, encargados de labores de seguridad y protección de la junta encabezada por Goita.
La actual ofensiva se produce tras meses de acciones del JNIM y del FLA contra rutas de suministro de combustible que llegaron a poner en serio riesgo el abastecimiento de la capital, Bamako.
La junta militar que gobierna Malí se hizo con el poder mediante dos golpes de Estado en 2020 y 2021 y ha sellado una alianza regional con las juntas de Burkina Faso y Níger. A las tres las une su rechazo a la antigua potencia colonial francesa y su acercamiento a Rusia.
Pese a ello, el Sahel continúa afrontando una grave inestabilidad por los ataques recurrentes del JNIM, de los separatistas tuareg y de células móviles del Estado Islámico. La junta maliense había prometido devolver el poder a un gobierno civil como muy tarde en marzo de 2024, pero no ha cumplido ese compromiso.
En julio de 2025, el régimen militar concedió a Goita un mandato presidencial de cinco años, renovable “tantas veces como sea necesario” y sin pasar por las urnas.
Los problemas de seguridad no han remitido pese a la presencia de fuerzas vinculadas a Rusia que sustituyeron a las tropas francesas, lo que evidencia la fragilidad del equilibrio geopolítico en una región donde potencias como Estados Unidos, China y Rusia compiten por ganar influencia.