Angola ha planteado un nuevo cese de hostilidades entre las Fuerzas Armadas de República Democrática del Congo (RDC) y el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23) con inicio el 18 de febrero, una iniciativa que aún requiere el visto bueno formal de ambas partes y que se enmarca en los esfuerzos diplomáticos para estabilizar el este del país.
Según un comunicado difundido por la Presidencia angoleña en sus redes sociales, la propuesta se formuló tras una reunión mantenida el lunes en Luanda con la presencia del presidente congoleño, Félix Tshisekedi, y de los países que ejercen de mediadores, con el objetivo de reimpulsar un entendimiento político entre el Gobierno de Kinshasa y la insurgencia.
“Angola propone la entrada en vigor de un alto el fuego entre el Gobierno de RDC y el M23 a partir de las 12.00 horas (hora local) del 18 de febrero, por lo que espera un pronunciamiento público de aceptación de la propuesta”, ha señalado la Presidencia, que ha subrayado que, por el momento, ni el Ejecutivo congoleño ni el grupo armado han emitido una respuesta pública.
El jefe de Estado angoleño, Joao Lourenço, desempeña desde hace meses un rol central de mediación para intentar cerrar un acuerdo de paz duradero entre la RDC y el M23, respaldado por Ruanda. A comienzos de febrero, las partes alcanzaron en Qatar un entendimiento para establecer un mecanismo de supervisión del alto el fuego ya vigente, que prevé el despliegue de una misión de la Misión de Naciones Unidas en República Democrática del Congo (MONUSCO) en la ciudad de Uvira.
El M23 comunicó el pasado 18 de enero la retirada de todos sus combatientes de Uvira, localidad que había capturado el año anterior y de la que anunció inicialmente su salida como gesto de buena voluntad hacia las conversaciones internacionales para poner fin al conflicto en el este del país. No obstante, desde entonces ha acusado al Ejército congoleño de cometer abusos en la zona.
El movimiento rebelde se hizo en 2025 con el dominio de amplias áreas de las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur, incluidas sus capitales, Goma y Bukavu, en el marco de una ofensiva que agravó las tensiones entre Kinshasa y Kigali y dio lugar posteriormente a un proceso de diálogo para contener la extensión de la violencia en la región de los Grandes Lagos.