No hay anuncio oficial de ataque inminente. Pero el despliegue sobre el terreno y el endurecimiento del discurso elevan la probabilidad de una escalada.
Despliegue militar: señales claras de presión
La llegada prevista del portaaviones USS Gerald R. Ford al Mediterráneo oriental, junto a otros activos navales y aéreos, marca el cierre de una fase de acumulación de fuerzas por parte de EE.UU. En paralelo, el USS Abraham Lincoln ha operado en la región con cazas F-35C embarcados.
A ello se suma el movimiento de aeronaves estratégicas y logística militar en bases como Lajes (Azores), lo que ha alimentado las especulaciones sobre posibles escenarios operativos.
Fuentes israelíes citadas por la prensa local señalan que el gabinete de seguridad se reunirá para evaluar tanto la preparación defensiva como la eventual coordinación ofensiva con Washington. Jerusalén da por hecho que, en caso de ataque estadounidense, Israel participaría de algún modo en la operación.
Trump: “Quizá haya acuerdo… lo sabrán en 10 o 15 días”
El propio Trump ha declarado públicamente que podría alcanzarse un acuerdo con Irán, aunque también ha fijado un horizonte temporal de “10 a 15 días” para conocer el desenlace.
Las negociaciones siguen abiertas, pero las posiciones de fondo continúan muy alejadas. En Washington existe la percepción de que el régimen iraní atraviesa un momento de debilidad económica y política. En Teherán, en cambio, preocupa el coste interno de aceptar concesiones que puedan interpretarse como rendición ante Estados Unidos.
La decisión final dependerá en gran medida del presidente estadounidense, que mantiene sobre la mesa desde un pacto limitado hasta una operación militar de mayor alcance.
Tres escenarios estratégicos sobre la mesa
Analistas en Washington apuntan a tres grandes opciones que podrían plantearse al presidente:
- Golpe limitado y simbólico: ataques puntuales contra infraestructuras vinculadas a la represión interna o a capacidades estratégicas concretas.
- Campaña de degradación: operación más amplia contra instalaciones nucleares, bases del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y estructuras de misiles y drones.
- Escalada orientada a desestabilizar al régimen: ampliación de objetivos a centros de mando y liderazgo político-militar.
Ninguna de estas opciones implicaría, según los análisis públicos disponibles, el despliegue de fuerzas terrestres convencionales estadounidenses.
Capacidad de respuesta iraní
Irán mantiene un arsenal considerable de misiles balísticos, drones y redes de aliados regionales. Un enfrentamiento no sería necesariamente breve ni exento de riesgos. Entre los factores críticos figuran:
- La seguridad del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
- La vulnerabilidad de infraestructuras energéticas en el Golfo.
- El posible impacto en mercados globales del petróleo.
Al mismo tiempo, Estados Unidos e Israel conservan superioridad tecnológica, aérea e inteligencia, lo que podría permitir operaciones focalizadas sin desembocar en una guerra prolongada, aunque el riesgo de escalada involuntaria es real.
Un equilibrio frágil
El debate en Washington no se limita al plano militar. También pesa la credibilidad internacional de EE.UU., el precedente de líneas rojas incumplidas en crisis anteriores y el impacto político interno de cualquier decisión.
Algunos analistas consideran que un ataque limitado podría buscar restaurar la disuasión sin abrir una guerra total. Otros alertan de que cualquier error de cálculo podría desencadenar una espiral difícil de contener.
En paralelo, sectores iraníes advierten de que un conflicto de gran escala no se limitaría a las fronteras del país y alteraría el equilibrio internacional, con implicaciones para potencias como China y Rusia.
¿Cuándo podría producirse una acción?
El calendario no es menor. Se contemplan factores como:
- El mes de Ramadán y sus implicaciones regionales.
- El momento óptimo de despliegue completo de fuerzas.
- El margen político que Trump quiera darse para intentar un último acuerdo.
Aunque algunos movimientos y rumores llevan apuntando a una “acción inminente”, no existe confirmación oficial de una fecha concreta.