El presidente de Bulgaria, Rumen Radev, ha confirmado este viernes que el país deberá volver a las urnas, en lo que serán las octavas elecciones en cinco años, después de agotar sin éxito los tres mandatos previstos para intentar constituir un nuevo gobierno en un escenario de bloqueo político ya crónico.
“Nos vamos a elecciones”, ha afirmado Radev desde el Palacio Presidencial, tras la negativa del partido de la Alianza por los Derechos y las Libertades a aceptar su propuesta para encabezar un nuevo ejecutivo. A partir de ahora se abre una ronda de consultas entre el jefe del Estado y las distintas formaciones para definir un gabinete en funciones. Una vez concluido este proceso, el presidente fijará la fecha de los comicios.
La última crisis política estalló tras la dimisión del primer ministro Rosen Zheliazkov el mes pasado, después de intentar sacar adelante un proyecto de presupuestos con subidas de impuestos que provocó masivas protestas contra la corrupción.
El breve gobierno en minoría liderado por Zheliazkov consiguió avanzar en las negociaciones para la entrada de Bulgaria en la moneda única de la Unión Europea, lo que daría al país capacidad de decisión en la política monetaria de la eurozona. Sin embargo, terminó dejando el poder en manos de socios políticos profundamente impopulares, a los que los manifestantes señalan como símbolo de la corrupción y de la captura del Estado.
Durante años, Bulgaria ha estado bajo la lupa de la UE y de Estados Unidos por sus problemas de corrupción. En 2020, una amplia oleada de protestas anticorrupción puso fin al prolongado dominio del ex primer ministro Boiko Borisov, líder del partido Gerb, formación a la que también pertenece Zheliazkov.
Sin una remodelación profunda del panorama político, los sondeos citados por Bloomberg apuntan a una distribución de fuerzas muy similar a la de las últimas convocatorias, con escasas posibilidades de lograr una coalición de gobierno duradera.
El diseño de un ejecutivo interino tampoco será sencillo. Las reformas constitucionales aprobadas a finales de 2023 limitan a Radev a elegir como primer ministro en funciones únicamente a determinados cargos: el presidente del Parlamento, el gobernador o vicegobernador del Banco Nacional de Bulgaria, el presidente o vicepresidente de la Oficina Nacional de Auditoría de Bulgaria, o el Defensor del Pueblo o su adjunto.
No obstante, ninguna de estas personas está obligada a aceptar el encargo, y el propio presidente puede rechazar el gabinete en funciones que llegara a proponer ese primer ministro, lo que añade aún más incertidumbre al proceso.