Canadá acelera su acercamiento a China para reducir su dependencia de Estados Unidos

Canadá ha dado un paso claro hacia la diversificación de sus alianzas económicas con una visita de alto nivel a Pekín que certifica un giro estratégico en su política exterior

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El presidente de China, Xi Jinping, junto al primer ministro de Canadá, Mark Carney, tras un encuentro en Pekín. Europa Press/Contacto/Xie Huanchi

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El primer ministro Mark Carney se ha reunido con el presidente Xi Jinping para escenificar el inicio de una nueva etapa de cooperación comercial entre ambos países, en un contexto marcado por la creciente tensión con Estados Unidos.

 

 

El encuentro, celebrado en el Gran Salón del Pueblo, pone fin a años de relaciones frías entre Ottawa y Pekín y busca rebajar la fuerte dependencia canadiense del mercado estadounidense, que concentra en torno al 75% de sus exportaciones. China, segundo socio comercial de Canadá pero aún muy lejos de ese peso, se perfila ahora como un eje clave de esa estrategia de diversificación.

Del conflicto diplomático a la normalización pragmática

Las relaciones entre Canadá y China atravesaron su momento más delicado en 2018, con la detención en Vancouver de Meng Wanzhou, directiva de Huawei, a petición de Estados Unidos. Aquel episodio derivó en represalias diplomáticas, detenciones cruzadas y una escalada de desconfianza que se prolongó durante años.

Desde entonces, ambos países mantuvieron una relación marcada por aranceles recíprocos, acusaciones políticas y desconfianza estratégica, especialmente durante el mandato de Justin Trudeau. La llegada de Carney al Gobierno ha supuesto un cambio de enfoque: menos confrontación ideológica y más realismo económico.

Trump como factor acelerador del giro canadiense

El acercamiento a Pekín no se produce en el vacío. Las amenazas arancelarias y el endurecimiento del discurso de Washington han sido determinantes. Las subidas de aranceles estadounidenses al acero, aluminio y vehículos canadienses, así como el bloqueo de nuevas negociaciones comerciales, han empujado a Ottawa a buscar alternativas.

A ello se suma un clima político cada vez más tenso, alimentado por declaraciones del presidente Donald Trump que han llegado a cuestionar abiertamente la relación bilateral, incluso con alusiones a una hipotética anexión de Canadá. En ese contexto, el Ejecutivo canadiense considera prioritario reducir riesgos estratégicos.

Acuerdos comerciales y sectores clave

La visita de Carney a Pekín se salda con acuerdos preliminares para rebajar aranceles y relanzar el comercio bilateral. Entre las medidas más relevantes figura la reducción de los gravámenes chinos a productos agrícolas canadienses como la colza, que pasarán del 84% al 15%, lo que podría generar pedidos por valor de unos 3.000 millones de dólares.

A cambio, Canadá permitirá la entrada anual de hasta 49.000 vehículos eléctricos chinos con un arancel reducido. Además, ambos gobiernos han acordado reforzar la cooperación en energía, finanzas y transición energética, así como reactivar los contactos ministeriales que llevaban años congelados.

Un cambio de era en la política exterior canadiense

Carney ya había advertido en foros internacionales de que el orden económico global basado en reglas estables “ya no existe” y de que los países medios deben adaptarse a un entorno más fragmentado. La apuesta por China responde a esa lógica: no se trata de sustituir a Estados Unidos, sino de ensanchar el margen de maniobra.

Aunque China apenas representó el 4% de las exportaciones canadienses en 2024, Ottawa asume que diversificar mercados es una necesidad estratégica, especialmente cuando su principal socio comercial se ha convertido en una fuente de incertidumbre.