El ministro de Seguridad Pública de Chile, Luis Cordero, ha informado este lunes de que la entrega a Chile del exguerrillero Galvarino Apablaza, antiguo dirigente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), es ya “inminente”. Apablaza es reclamado por la Justicia chilena como presunto responsable intelectual del asesinato, en 1991, del fundador de la Unión Democrática Independiente (UDI), el senador conservador Jaime Guzmán.
En una intervención en la emisora T13, Cordero ha explicado que “Los medios por parte de la Policía de Investigaciones de Chile para ir a buscar a Galvarino Apablaza y traerlo al país se encuentran coordinados y estamos a la espera de la decisión del Gobierno argentino”, subrayando que la resolución final depende ahora de las autoridades de Buenos Aires.
Apablaza obtuvo asilo político en Argentina durante el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Posteriormente, el Ejecutivo de su sucesor, el conservador Mauricio Macri, dejó sin efecto esa condición, aunque la defensa del exdirigente del FPMR logró encadenar varios recursos judiciales que permitieron mantener vigente la protección durante años.
Como consecuencia de estos recursos, el procedimiento de extradición quedó paralizado hasta que, el pasado 16 de febrero, una cámara de apelaciones argentina resolvió retirarle definitivamente el estatus de asilado. El fallo fue celebrado por el presidente electo chileno, José Antonio Kast, antiguo militante de la UDI hasta 2016.
En aquel momento, Kast afirmó que “Que alguien diga que no puede ser extraditado a Chile porque no le daba garantía nuestro sistema judicial, creo que no conoce el sistema o bien hace una mirada absolutamente ideológica del tema”, según recogieron diversos medios chilenos.
Desde hace décadas, la posible extradición del exmilitante de izquierda ha sido considerada por los sucesivos gobiernos chilenos como una prioridad de Estado. Las autoridades le atribuyen no solo la responsabilidad en el asesinato del senador Jaime Guzmán, sino también su implicación en el secuestro de Cristián Edwards, hijo del fallecido dueño del diario ‘El Mercurio’, ocurrido también en 1991.