El primer ministro de Taiwán, Cho Jung Tai, se desplazó de forma inesperada este sábado a Tokio, protagonizando la primera visita de un jefe de Gobierno taiwanés a Japón desde la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos en 1972. Este movimiento se interpreta como un gesto que previsiblemente agravará aún más las ya tensas relaciones entre Japón y China.
Durante su estancia en la capital nipona, Cho acudió al partido del Clásico Mundial de Béisbol que enfrentó a Taiwán y República Checa, acompañado por varios representantes taiwaneses. “El único acto que tuve fue animar al equipo de Taiwán junto a nuestros compatriotas”, sin “ningún otro objetivo”, ha señalado, según recogen medios de comunicación taiwaneses.
Ya el domingo, a su regreso a la isla, el primer ministro explicó que costeó el desplazamiento con fondos propios. Sin embargo, el carácter privado del viaje no ha impedido que se interprete como un movimiento simbólico dentro de la denominada en la prensa local como diplomacia del béisbol.
La visita de Cho tiene lugar en un contexto especialmente sensible para los vínculos entre Tokio y Pekín. La primera ministra japonesa, la ultraconservadora Sanae Takaichi, declaró en noviembre que las Fuerzas Armadas de Japón podrían intervenir si se produjera una invasión china de Taiwán. Como respuesta, Pekín ha emitido advertencias de viaje y ha impuesto trabas al comercio bilateral.
CHINA DEFIENDE LA “COMPLETA REUNIFICACIÓN”
El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, reiteró este domingo que las autoridades del país no permitirán a “ningún individuo ni fuerza” separar a Taiwán de China y defendió la “completa reunificación” como única salida al contencioso.
“Taiwán ha sido parte integral de China desde la antigüedad y nunca fue, no es y nunca será un país”, afirmó Yi en un discurso recogido por la agencia oficial Xinhua durante el Congreso Nacional del Pueblo chino, una de las citas clave del calendario político del gigante asiático.
En su intervención, Wang Yi señaló directamente al Partido Progresista Democrático (PPD) taiwanés, que encabeza el Ejecutivo de la isla, al que responsabilizó de obstaculizar “la paz y la estabilidad” por insistir en su “agenda separatista”.
El jefe de la diplomacia china sostuvo que la mayor parte de la comunidad internacional respalda de forma “abrumadora” el principio de “una sola China”, aunque reclamó una postura más firme del resto de países contra la “independencia de Taiwán” con el objetivo de reforzar la seguridad y la paz regional.
Tras la Revolución Comunista China culminada en 1949, Taiwán se convirtió en el último bastión que el Ejército Popular de Liberación de Mao Zedong no logró conquistar. Por ello, la isla mantiene formalmente la denominación de República de China, en contraposición a la República Popular China con capital en Pekín.
El Gobierno chino sostiene que Taiwán forma parte de su territorio y se encuentra bajo su soberanía, y no descarta recurrir a la fuerza para imponer su control. La isla, por su lado, cuenta con el respaldo de Estados Unidos y de sus socios. Los contactos entre ambos lados se retomaron únicamente a nivel empresarial e informal durante la década de 1980.