La intervención de Estados Unidos en Venezuela, desatada tras la captura de su presidente, Nicolás Maduro, se une a una larga lista de acciones militares del país norteamericano en sus vecinos del sur. Sin embargo, según algunos expertos, en este caso hay aspectos diferenciales, de hecho, tal y como apunta el historiador estadounidense Alan McPherson en una entrevista con BBC Mundo, “este ataque militar relámpago en Sudamérica puede verse como algo inédito en la región, al menos durante décadas”. Para él, “es inusitado el tiempo y el lugar donde ocurrió la operación, pero también el mensaje que transmitió al mundo Donald Trump”.
El presidente estadounidense ha invocado la Doctrina Monroe para justificar su ofensiva. En palabras de McPherson, esto “no es válido en absoluto, porque ha distorsionado completamente su significado original”, que era mantener fuera del hemisferio a las potencias exteriores. Entonces (se formuló en 1823), “se trataba de Europa. En el siglo XX de los soviéticos, pero ahora no existe tal retórica sobre Venezuela ni sobre América Latina en general”, subraya.
También se refieren a esto los investigadores del Real Instituto Elcano Carlota García Encina y Carlos Malamud, para los que, “así como ahora se ha reescrito el Corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe, habría que saber también si se reescribirá la Enmienda Platt, que en 1901 incorporó a la Constitución cubana el derecho de EEUU de intervenir en sus asuntos internos e incluso de establecer bases militares como las de Guantánamo”.
¿Qué busca Estados Unidos en Venezuela?
En El Orden Mundial, Jara Monter destaca que Trump no quiere ni el petróleo de Venezuela ni frenar el paso de drogas, sino “asegurar que el continente americano esté dentro de su esfera de influencia”. En la misma línea, Víctor Hugo Pérez, doctor en Sociología por la Universidad de Santiago de Compostela, afirma en The Conversation, que esta “no es una acción más dentro del conflicto con Venezuela, sino una intervención directa contra un jefe de Estado en ejercicio, ejecutada sin mandato internacional y sin mediación multilateral”. Para él, “Estados Unidos ha cruzado una línea que decía defender” y lo que está en juego no es ni Venezuela ni Maduro, “sino la idea misma de que existen límites al ejercicio del poder”.
Parece discrepar McPherson, cuya opinión es que “si las tropas de EE. UU. desembarcan en las próximas semanas en Venezuela, el primer lugar al que irán serán los campos petrolíferos y las refinerías de petróleo”.
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Estados Unidos ha capturado a Maduro blandiendo la bandera de la democracia, lo que ha llevado a parte del pueblo venezolano (dentro y fuera de sus fronteras) a celebrarlo. El historiador señala en BBC Mundo que en las ocupaciones militares de Estados Unidos en Latinoamérica suele haber una dinámica: “Después de que las fuerzas estadounidenses desembarcan, muchos tienden a vitorearlas, porque creen que traen estabilidad, democracia y sacan a los malos líderes, pero, por lo general, en un plazo de seis meses a dos años se dan cuenta de que están gobernados por militares estadounidenses que no están para ayudarlos, sino para defender los intereses de Estados Unidos”.
No obstante, subrayan en el Real Instituto Elcano, “más allá de las formas y de la clara violación del derecho internacional, lo cierto es que el pueblo venezolano estaba, todavía está, controlado por un régimen que de forma sistemática ha violado los derechos humanos, vaciado de contenido las instituciones democráticas, empobrecido el país, secuestrado un rotundo resultado electoral en su contra, como el del 28 de julio de 2024, y burlado a la comunidad internacional”.
Por ello, agregan los investigadores, “es necesario que la reconstrucción del país, la transición y el restablecimiento de la democracia se hagan al amparo de la Constitución de 1999, el común denominador de todos los actores políticos venezolanos”.
¿Aviso para navegantes?
Para América Latina, sostiene Víctor Hugo Pérez en The Conversation, el mensaje tras la intervención en Venezuela “es inequívoco: no importa el signo ideológico, el tamaño del país o su grado de alineamiento, ningún país está completamente a salvo si entra en la categoría de inaceptable para Washington”.
Al historiador entrevistado en BBC Mundo, las insinuaciones de Trump acerca de que podría llevar a cabo operaciones similares en otros países le suenan a “bravata”, aunque, advierte, “dado lo que acaba de suceder, no podemos descartarlo por completo”. De hecho, refiriéndose directamente a Colombia, asegura que “si puedes sacar a un presidente por una acusación de delitos, probablemente podrías inventar casi cualquier excusa para sacar a cualquier otro presidente, que no haga lo que los estadounidenses quieren que haga”.