Cuando España hizo posible escuchar el “gran paso para la Humanidad” de Armstrong antes que Houston

En el día en que la misión Artemis II se prepara para llevar a cuatro astronautas de vuelta a la Luna, recordamos cuando las estaciones de Fresnedillas, Robledo y Maspalomas, junto con técnicos españoles en comunicaciones, fueron fundamentales para que la histórica misión de la NASA tuviera éxito

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Momento del alunizaje el 20 de julio de 1969 | Europa Press

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La misión Apolo 11, lanzada el 16 de julio de 1969 y que puso por primera vez a Neil Armstrong y Buzz Aldrin sobre la superficie lunar, suele recordarse como un logro estadounidense. Sin embargo, España desempeñó un papel esencial en la consecución de ese hito histórico, gracias a sus infraestructuras y profesionales que integraron la red global de seguimiento y comunicación de la NASA.

En medio de una Guerra Fría dominada por la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la Red de Vuelo Tripulado de la NASA, el sistema de seguimiento que permitió coordinar cada fase de la misión, incluía tres estaciones separadas estratégicamente por aproximadamente 120 grados en longitud.

Esto permitía que, en cualquier punto de la órbita, al menos una antena de 26 metros de diámetro viera la nave. Ya existían estaciones en California y en Australia; la tercera debía instalarse en el sur de Europa o el norte de África. La opción más viable fue España.

En el día en que la Misión Artemis II se prepara para llevar a los astronautas Christina Koch, Victor Glover, Jeremy Hansen y Reed Wiseman de vuelta a la Luna, recordamos el papel esencial que desempeñó España hace más de medio siglo en la histórica llegada del hombre a nuestro satélite en 1969.

España, conectado con la Luna

Aunque la misión estaba liderada por la NASA, parte de su éxito dependió de las estaciones de seguimiento repartidas por el mundo, entre las que destacaron tres españolas: Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela (ambas en la provincia de Madrid) y Maspalomas (Gran Canaria).

Estas instalaciones fueron parte de la Red de Vuelos Tripulados de la agencia espacial estadounidense, encargadas de mantener la comunicación entre la nave Apolo 11 y el centro de control en Houston durante el viaje a la Luna y su retorno.

Desde estas estaciones, técnicos españoles, muchos formados por la propia NASA, monitorizaron las señales que enviaba la nave, incluidas las comunicaciones con los astronautas y la transmisión de datos vitales. Fue a través de estas antenas que señales históricas como Aquí Base de la Tranquilidad. El Águila ha aterrizado llegaron al centro de control en Estados Unidos y al resto del mundo.

Así, mientras el mundo entero celebraba el histórico alunizaje el 20 de julio de 1969, en el caso de España en la madrugada de una calurosa noche de verano, dos ingenieros españoles tuvieron un privilegio que pocos conocen: escuchar antes que nadie, incluso antes que el propio centro de control de Houston, las famosas palabras de Neil Armstrong tras pisar la Luna: "Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad".

Carlos González, encargado de los receptores y transmisores en Fresnedillas, y José Manuel Grandela, responsable de las comunicaciones entre Robledo y Fresnedillas, recordaron en una entrevista en 2022 con la revista National Geographic esos momentos de emoción: “Tuvimos el privilegio de ser los primeros en oírlo. Antes que el propio Houston”.

El apoyo imprescindible de Telefónica y los ingenieros españoles

España no solo aportó infraestructura, sino también expertos en telecomunicaciones que trabajaron codo con codo con la NASA. La Compañía Telefónica Nacional de España fue clave en este esfuerzo, instalando y operando estaciones de comunicaciones que permitieron a los equipos espaciales y a Houston mantenerse conectados durante momentos críticos de la misión.

En aquellos instantes críticos, cuando Armstrong pronunciaba la célebre frase, la estación de Fresnedillas era la única con visibilidad directa del módulo lunar. La comunicación, lo que Houston enviaba a la nave y lo que la nave transmitía de vuelta, pasaba íntegramente por las instalaciones españolas antes de ser reenviada a Estados Unidos.

A pesar de que España no era una superpotencia en tecnología espacial, ni siquiera existía todavía una agencia espacial nacional fuerte, la participación española en Apolo 11 fue indispensable.
Grandela lo recuerda en la mencionada entrevista con orgullo: “El mundo entero celebró el hito, pero nosotros estábamos concentrados en que aquello funcionara. Sabíamos que dependía de nosotros que la comunicación fuera perfecta”.

En un país que vivía bajo dictadura y con recursos limitados para la investigación espacial, la labor técnica española no fue una anécdota, fue un eslabón esencial en la misión más ambiciosa de la humanidad hasta ese momento.

Su colaboración en Apolo 11 no fue circunstancial ni limitada a una transmisión pasajera, se convirtió en la semilla de la actividad espacial española moderna. La experiencia adquirida en Fresnedillas, Robledo y Maspalomas contribuyó a consolidar la presencia de España en proyectos internacionales de exploración espacial y puso a científicos e ingenieros españoles en la vanguardia de la tecnología aeroespacial.

Hoy, medio siglo después, esas estaciones y la memoria de quienes trabajaron en ellas siguen siendo recordatorios de que la llegada del hombre a la Luna fue un logro colectivo de la humanidad, en el que España ocupó un lugar protagonista e imprescindible.