Cortes de luz de varias horas, colas interminables para conseguir combustible, dificultades crecientes para acceder a alimentos básicos, hoteles clausurados y hospitales sin capacidad para prestar una atención adecuada. Cuba se enfrenta, según coinciden los analistas, a la coyuntura más grave desde la Revolución liderada por Fidel Castro en 1959, y lo hace prácticamente aislada, con escasos aliados a los que acudir ante las presiones de la Administración de Donald Trump.
La economía cubana ya arrastraba una situación muy delicada, sin haberse recuperado aún del impacto de la pandemia de COVID, pero el escenario se ha deteriorado aún más tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, la captura de su presidente Nicolás Maduro y la posterior advertencia de Trump de que los países que suministren petróleo a la isla se enfrentarán a sanciones.
Tal y como recuerda el exministro uruguayo Ernesto Talvi en un análisis para el Real Instituto Elcano, el comercio entre La Habana y Caracas se desplomó entre 2014 y 2024, un factor clave para entender el retroceso de la economía cubana, ahora además ante el cierre del grifo del crudo venezolano, esencial para cubrir su demanda energética.
“Las transformaciones impulsadas durante el primer gobierno de Raúl Castro nunca se profundizaron lo suficiente para influir en la competitividad, atraer inversión extranjera de forma sostenida o desarrollar sectores exportadores capaces de ofrece alternativas viables a la alianza con Venezuela”, subraya Talvi, incidiendo en que “la mayoría de las industrias cubanas siguen monopolizadas por ineficientes empresas estatales y el oscuro conglomerado GAESA administrado por instituciones militares”.
Paralelamente, el régimen optó por concentrar recursos en el turismo, especialmente en la construcción de hoteles, “sin atender otras áreas como la infraestructura eléctrica y de transporte, la producción de alimentos y la calidad y estabilidad de los servicios complementarios”, pero la afluencia de visitantes sigue lejos de los niveles previos a la COVID y en 2025 cayó un 20%, según el exministro.
Diferencias con el ‘Periodo Especial’
Tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991, Cuba ya atravesó una etapa crítica que el castrismo bautizó como ‘Periodo Especial’, al perder a su principal sostén internacional. Sin embargo, entonces el país partía de una posición relativamente menos precaria.
“Cuba tenía una infraestructura no tan descapitalizada, con ciertos niveles de reservas financieras e inventarios, y un capital humano en mejores condiciones”, explica Talvi. “Además, el liderazgo político gozaba de una mayor cohesión interna y de un reconocimiento internacional hoy inexistente”, resalta.
El Gobierno encabezado desde 2019 por Miguel Díaz-Canel se va quedando sin apoyos en Iberoamérica, donde en los últimos años varios ejecutivos de izquierda han sido reemplazados por mandatarios conservadores, con la excepción de Brasil y Colombia, que este año celebran presidenciales, y México. De momento, solo la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha enviado ayuda humanitaria, pero ha cedido ante la presión de Trump y no se han repetido los envíos de petróleo.
Rusia y China, socios históricos de La Habana, tampoco parecen en condiciones de ignorar las advertencias de Washington, ocupados como están Moscú en la guerra de Ucrania y Pekín en su pulso arancelario con Estados Unidos. En este contexto, resume Talvi, “al régimen no le quedan muchas opciones y corre el riesgo de quedar en una especie de vacío geopolítico”.
Cuba no es Venezuela
Aunque tanto Trump como su secretario de Estado, Marco Rubio, han manifestado su aspiración de un cambio de régimen en la isla, alentados por el resultado de la operación en Venezuela —donde Washington ha asumido el control efectivo del país dejando el Ejecutivo en manos de la que fuera vicepresidenta Delcy Rodríguez—, los expertos remarcan que el escenario cubano es distinto.
“Cuba no es Venezuela”, resume Christopher Sabatini, especialista en América Latina en Chatham House, en otro artículo. La isla “no está encima de vastas reservas de petróleo y no tiene riquezas minerales sin explotar” y, por tanto, Estados Unidos no obtendría “ninguna gran ganancia económica de un cambio de gobierno”, advierte, insistiendo en que tampoco se sostiene el argumento de la seguridad. “Pese a sus estrechas relaciones con Rusia, China e Irán, Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional”, sostiene.
Además, “seis décadas de control totalitario y represión han atomizado la sociedad cubana”, según Sabatini, quien recalca que “no hay un liderazgo democrático a la espera como había en Venezuela que goce de la legitimidad popular de una elección”, aludiendo a María Corina Machado y a Edmundo González, vencedor de las presidenciales de 2024. También apunta que “la pequeña sociedad civil independiente políticamente sigue dividida y aislada internamente” mientras buena parte de la disidencia se ha visto obligada a exiliarse.
Mientras tanto, advierte Talvi, “cada día aumenta la probabilidad de un resurgimiento de protestas a gran escala, como las del 11 de julio de 2021”. Entonces, recuerda, “el Gobierno solo pudo detenerlas desplegando fuerzas policiales y de seguridad y arrestando a cientos de personas, muchas de las cuales pasaron a engrosar la lista de presos políticos”, un escenario que el régimen preferiría evitar repetir.
Un régimen forzado a negociar
En este marco, Talvi considera que “las necesidades económicas, las amenazas militares y la situación geopolítica obligarán al régimen, en algún momento, a negociar posibles salidas con Washington”. El exministro ve posible que Díaz-Canel acepte liberar presos políticos, aunque no cree factible que acceda a reformas profundas que impliquen una apertura democrática.
En la misma línea se pronuncian Emilio Morales y Juan Antonio Blanco en otro texto para Elcano, al señalar que “es evidente que (al régimen) no le queda mucho tiempo para tomar decisiones graves”. “Su capacidad de maniobra para sobrevivir financieramente es nula. Se encuentra en fase terminal y ni siquiera su aparato represivo podría sostenerse”, sostienen.
“Los días del actual régimen de gobernanza cubano están contados. Pueden cerrar esta historia de manera amable o dolorosa, es la única opción real a su alcance”, afirman, y plantean que “la única opción amable sería que Raúl Castro y su familia se marchen del país y den paso a la primera fase de transición”.
Morales y Blanco recuerdan que el exmandatario debería asumir que “hacer piruetas de resistencia sin estar acompañado de aliados externos y en ausencia de un apoyo masivo nacional es un suicidio”, ya que el Ejército cubano “débil y obsoleto” no estaría en condiciones de soportar “una operación quirúrgica estadounidense”. Añaden, además, que “tiene dos causas pendientes en tribunales de Florida, una por narcotráfico y la otra por el asesinato de los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate”, dos de ellos ciudadanos estadounidenses.
Por ahora, Díaz-Canel ha manifestado disposición a hablar, aunque sin dar señales de ceder en lo esencial. “Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos, a un diálogo sobre cualquiera de los temas que se quiera debatir o dialogar. ¿Con qué condiciones? Sin presiones, bajo presiones no se puede dialogar”, sostuvo el pasado 5 de febrero.
“No estamos dispuestos a discutir nuestro sistema constitucional igual que suponemos que Estados Unidos no está dispuesto a discutir su sistema constitucional, su sistema político y su realidad económica”, trasladó ese mismo día el viceministro de Exteriores cubano, Carlos Fernández de Cossío, a la CNN.