El director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, Joseph Kent, ha presentado su dimisión en plena escalada del conflicto en Irán, en un gesto sin precedentes dentro del aparato de seguridad nacional. La renuncia, comunicada públicamente a través de la red social X, incluye una dura carta dirigida al presidente Donald Trump en la que cuestiona abiertamente la legitimidad de la guerra.
Kent sostiene que “Irán no representaba una amenaza inminente”, desmontando así uno de los argumentos centrales esgrimidos por la Casa Blanca para justificar la ofensiva militar conjunta con Israel. En su mensaje, el ya exresponsable de contraterrorismo asegura no poder “en conciencia” respaldar la intervención.
After much reflection, I have decided to resign from my position as Director of the National Counterterrorism Center, effective today.
— Joe Kent (@joekent16jan19) March 17, 2026
I cannot in good conscience support the ongoing war in Iran. Iran posed no imminent threat to our nation, and it is clear that we started this… pic.twitter.com/prtu86DpEr
Advierte del riesgo de que el país se encamine "hacia el declive y el caos"
Pero el punto más delicado de su dimisión llega con la acusación directa sobre el origen del conflicto. Kent afirma que la guerra se ha iniciado “debido a la presión de Israel y de su influyente lobby en Estados Unidos”, una declaración que tensiona aún más el debate político interno y apunta a la influencia de actores externos en decisiones estratégicas de Washington.
En su carta, el exdirector no solo marca distancias, sino que también interpela directamente a Trump, instándole a rectificar el rumbo. “Rezo para que reflexione sobre lo que estamos haciendo en Irán y para quién lo estamos haciendo”, escribe, en un tono inusualmente personal para un alto cargo de seguridad. “El momento de actuar con valentía es ahora”, añade, advirtiendo del riesgo de que el país se encamine “hacia el declive y el caos”.
La dimisión de Kent se produce en un momento crítico del conflicto, con el número de víctimas en aumento y crecientes críticas tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Su salida podría abrir una grieta en el consenso dentro del aparato de seguridad nacional y alimentar el debate político en Washington sobre el papel del país en la guerra.
Por ahora, la Administración Trump no ha respondido públicamente a las declaraciones, mientras la presión internacional para un alto el fuego sigue aumentando.