Internacional

Donald Trump, Groenlandia y la Venezuela europea: todas las claves de lo que puede suceder

La intervención estadounidense en Venezuela y la insistencia de Donald Trump en hacerse con Groenlandia han activado las alarmas en Europa. En Dinamarca, aliado histórico de Washington y miembro central de la OTAN, el precedente venezolano ha convertido una hipótesis incómoda en un escenario que ya no se descarta. Copenhague explora el diálogo con los sectores más pragmáticos de la Administración Trump mientras prepara respuestas para evitar una crisis sin precedentes entre aliados

3 minutos

Imagen de archivo del Alto Tribunal de Groenlandia  Europa Press/Contacto/Johan Nilsson / Tt

Imagen de archivo del Alto Tribunal de Groenlandia Europa Press/Contacto/Johan Nilsson / Tt

Comenta

Publicado

Última actualización

3 minutos

Cuando se conoció que Estados Unidos había entrado en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, en Dinamarca la noticia se leyó en clave propia. No hizo falta una amenaza directa. El hecho de que Washington hubiera ejecutado una operación de fuerza en un país soberano bastó para que, en Copenhague, surgiera una pregunta que hasta hace poco parecía impensable: si pudo ocurrir en Caracas, ¿podría ocurrir en Groenlandia, territorio autónomo del Reino danés?

Groenlandia no es un enemigo de Estados Unidos ni un Estado hostil. Forma parte de un país que ha sido uno de los aliados más constantes de Washington durante décadas. Precisamente ahí reside la conmoción. Trump lleva tiempo defendiendo que Estados Unidos necesita Groenlandia por razones de seguridad y control del Ártico y, tras el episodio venezolano, esa ambición ha dejado de percibirse como retórica. Las autoridades danesas asumen que la anexión ya no se presenta en Washington como una fantasía sino como una posibilidad real.

Reunión entre Marco Rubio y Dinamarca

La estrategia danesa, visible en declaraciones públicas y confirmada por fuentes políticas, pasa por activar la vía diplomática con los miembros del Gobierno estadounidense considerados más realistas. En ese marco se explica la disposición del secretario de Estado, Marco Rubio, a reunirse con sus homólogos daneses en los próximos días. En Copenhague se discuten escenarios y se elaboran propuestas alternativas con un objetivo claro: rebajar la presión de la Casa Blanca y evitar cualquier gesto irreversible, desde una ocupación simbólica hasta un uso limitado de la fuerza.

El debate interno en Dinamarca se mueve entre la prudencia pública y la inquietud privada. Diputados del partido socialdemócrata de la primera ministra Mette Frederiksen admiten que no es momento de detallar escenarios, pero reconocen que el precedente venezolano demuestra que Trump está dispuesto a respaldar sus palabras con hechos. La principal preocupación no es solo militar. Una acción estadounidense contra Groenlandia supondría un terremoto político al enfrentar a dos miembros de la OTAN y poner en cuestión los principios básicos de la alianza atlántica.

Crisis en el seno de la Unión Europea

La crisis ha tenido un efecto profundo en la identidad estratégica danesa. Un país tradicionalmente proestadounidense observa cómo se resquebraja uno de los pilares de su política exterior de posguerra, la confianza plena en Washington. Analistas del Instituto Danés de Estudios Internacionales hablan de una transformación acelerada que ha empujado a Dinamarca, históricamente euroescéptica, a abrazar el europeísmo como red de protección ante un aliado que ya no se percibe como previsible.

En Groenlandia, territorio 50 veces más extenso que Dinamarca y con apenas 56.000 habitantes, el rechazo a una anexión estadounidense es abrumador según los sondeos, aunque la isla mantiene una amplia autonomía y el derecho a decidir su independencia. Washington ha intentado desde hace tiempo influir en la opinión local mediante contactos políticos y visitas de figuras cercanas al trumpismo, y hace un año llegó a plantear abiertamente la compra del territorio, una opción descartada tanto por Copenhague como por Nuuk.

Posibles escenarios

El escenario más inquietante, aunque el menos deseado, es el de una operación rápida y limitada. Expertos en defensa señalan que Groenlandia carece de una infraestructura militar significativa que pueda oponerse a Estados Unidos y recuerdan que la principal base en la isla es estadounidense. En ese contexto, una acción de fuerzas especiales orientada a tomar edificios clave podría desarrollarse sin apenas resistencia, un supuesto que algunos comparan más con la anexión rusa de Crimea que con una invasión convencional.

Ante ese riesgo, en Dinamarca y en otros países europeos gana peso una posible salida intermedia: ofrecer a Trump un acuerdo que amplíe la presencia militar y económica de Estados Unidos en Groenlandia sin ceder la soberanía. La propuesta incluiría actualizar los pactos de defensa, facilitar inversiones en minerales estratégicos y garantizar la exclusión de capital chino y ruso. La incógnita es si un compromiso de ese tipo sería suficiente para una Administración que parece interesada, sobre todo, en el control político y simbólico del territorio.

Groenlandia como aviso

La inquietud danesa se ha convertido en inquietud europea. El continente observa cómo, mientras lidia con la presión de la Rusia de Vladímir Putin, también se enfrenta a un aliado occidental dispuesto a tensar las reglas del sistema internacional. La caída de Maduro puede haber supuesto un revés para Moscú en América Latina, pero en Europa se asume que el Kremlin observa con interés un escenario en el que las divisiones internas del bloque atlántico se agrandan.

En ese cruce de caminos, Groenlandia se ha transformado en algo más que una isla ártica. Es el símbolo de un nuevo tiempo geopolítico en el que la intervención en Venezuela ha servido de aviso y en el que Europa intenta anticiparse a lo que hasta hace poco parecía imposible