La guerra en Irán desatada tras la ofensiva relámpago de Estados Unidos e Israel entra en su segunda semana con una clara escalada de la violencia. Los ataques de Washington y Tel Aviv se concentran ahora en los recursos navales iraníes, mientras Teherán, ya bajo el mando de Mojtaba Jamenei, intensifica sus represalias contra países vecinos y lleva el foco del conflicto al estratégico estrecho de Ormuz.
Catorce días después de los primeros bombardeos, que descabezaron a la cúpula de la República Islámica, el Pentágono afirma haber golpeado más de 6.000 objetivos en territorio iraní. El propósito declarado es reducir drásticamente la capacidad de Irán para lanzar misiles y drones, atacando diversas ramas de sus Fuerzas Armadas y de la Guardia Revolucionaria. En los últimos días, sin embargo, la campaña se ha desplazado del cielo al mar, con operaciones contra más de 90 embarcaciones y activos navales iraníes.
Washington sostiene que su nueva prioridad pasa por neutralizar la flota y la infraestructura marítima militar iraní, desde barcos minadores hasta bases navales. "Han perdido su Armada, han perdido su Fuerza Aérea, no tienen antiterrorismo. No tienen radar, sus líderes han desaparecido, y podríamos ser mucho peores", advirtió el presidente estadounidense, Donald Trump, que en los últimos días repite que cada jornada es la más "intensa" en la campaña contra Teherán.
Por su parte, la República Islámica ha extendido el conflicto a alrededor de una decena de países, con lanzamientos de misiles que han sido interceptados por baterías antiaéreas de la OTAN en territorio turco. El enfrentamiento ya ha provocado la primera víctima mortal europea: el sargento primero Arnaud Frion, fallecido en un ataque contra una base militar en Erbil, en el Kurdistán iraquí.
Las bajas estadounidenses ascienden a diez tras confirmarse la muerte de los seis tripulantes de un avión cisterna que se estrelló en Irak. El Ejército norteamericano sostiene que el siniestro "no se debió" a fuego enemigo contra el aparato.
Estrecho de Ormuz, epicentro del conflicto
En los últimos días, el conflicto se ha desplazado a un nuevo frente: el estrecho de Ormuz. Este paso marítimo concentra ahora la atención internacional después de que Irán, en el marco de sus represalias, haya atacado buques mercantes y petroleros que cruzan la zona, cuestionando la seguridad de una ruta clave para el comercio global y convirtiendo en posibles objetivos cualquier instalación relacionada con el tráfico energético regional, como ejemplifica el ataque estadounidense de esta madrugada contra la isla de Jark.
Este cuello de botella para el comercio mundial, por el que circula cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del planeta, ha registrado seis ataques contra mercantes en apenas 48 horas. Desde el inicio de la guerra en Irán, el balance se eleva a 18 cargueros alcanzados por proyectiles.
La Guardia Revolucionaria ha reivindicado estos ataques y mantiene que "los agresores estadounidenses y sus socios no tienen derecho a pasar" por la zona, exigiendo "obtener permiso de Irán" para navegar por estas aguas donde se ubica la estratégica isla de Jark, uno de los grandes polos de la industria petrolera iraní. En plena escalada por el control del paso, el presidente del Parlamento, Mohamed Baqer Qalibaf, ha advertido de que Teherán "teñirá con sangre de los invasores" el golfo Pérsico si se producen ataques contra islas bajo soberanía iraní.
La militarización creciente del área se refleja en la advertencia del Mando Central de Estados Unidos, que insta a los civiles a mantenerse alejados de las instalaciones portuarias utilizadas por Irán, al considerar que este tipo de infraestructuras serán "objetivos legítimos" si se emplean con fines militares.
También han circulado sospechas de que Irán habría comenzado a colocar minas en el paso, aunque el propio Trump ha reconocido que no dispone de pruebas que confirmen este movimiento, tras haberlo señalado previamente. Tampoco Francia ni Alemania han respaldado estas acusaciones. "Si Irán ha puesto minas en el estrecho de Ormuz, y no tenemos informaciones de que lo hayan hecho, queremos que las quiten, inmediatamente", declaró Trump, después de que Washington anunciara la destrucción de más de una decena de barcos minadores iraníes.
Con el barril de brent por encima de los 100 dólares y el tráfico marítimo reducido al mínimo, Estados Unidos sopesa organizar convoyes escoltados ante las maniobras de Teherán, pero admite que su Armada "no está lista" aún para asumir de forma inmediata estas misiones en el estrecho.
Mientras tanto, las potencias europeas, encabezadas por Francia, estudian un posible despliegue naval para salvaguardar el flujo de crudo en la zona. El proyecto, no obstante, está rodeado de incógnitas y países como España o Alemania ya se han desvinculado. En este contexto de incertidumbre, Estados Unidos lanza mensajes contradictorios: el secretario de Defensa, Pete Hegseth, insiste en que "no hay de qué preocuparse" porque Washington "no va a permitir que la zona permanezca en disputa" ni que "se interrumpa el flujo de comercio" marítimo.
Según la visión de la Casa Blanca, los ataques iraníes en el estrecho serían una muestra de la "absoluta desesperación" de la República Islámica. El nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido Alí Jameneí, ha subrayado el papel central de Ormuz en la respuesta a la ofensiva estadounidense e israelí.
En su primer mensaje a la nación, difundido por su oficina en redes sociales ante la ausencia de vídeos o grabaciones, Jamenei, sobre quien pesa una recompensa estadounidense de nueve millones de euros, ha prometido "vengar la sangre de los mártires", en particular la matanza de más de 160 estudiantes en la escuela de Minab, en el sur del país. En relación con el bloqueo en Ormuz, el nuevo líder ha recalcado que se trata de una "palanca" que Irán "debe seguir usando", respaldando abiertamente esta estrategia.
Sin horizonte claro para el fin de la guerra
Con escasos detalles operativos y mensajes deliberadamente ambiguos, Trump sostiene que la guerra progresa "muy bien" tras dos semanas de ofensiva conjunta con Israel. Sin embargo, continúa lanzando señales confusas sobre el calendario de la operación y reitera que ordenará su final cuando "lo sienta en mis huesos".
La Administración estadounidense intenta evitar la imagen de quedar atrapada en un conflicto sin salida y rechaza de plano cualquier comparación con la invasión de Irak de 2003.
En el lado opuesto, varios socios internacionales, entre ellos Francia y Alemania, que inicialmente respaldaron los ataques contra Irán, empiezan a mostrar reservas sobre la 'hoja de ruta' de Washington. El canciller alemán, Friedrich Merz, lamenta la ausencia de un plan concreto para poner fin a la guerra y alerta de las consecuencias económicas de un conflicto en el que su país no participa.
"Alemania no forma parte de esta guerra y tampoco queremos formar parte de ella", ha remarcado, mientras que las autoridades francesas, según la versión de Teherán, han mantenido contactos con la República Islámica "para detener la guerra".
Italia, por su parte, adopta un perfil bajo. La primera ministra, Giorgia Meloni, aliada cercana de Trump, considera la ofensiva "al margen del Derecho Internacional" y la vincula a una crisis del sistema internacional que provoca que "las amenazas se vuelvan cada vez más aterradoras y se multipliquen las intervenciones unilaterales". Reitera que Italia no participa ni participará en la campaña militar y rechaza ser "cómplice de las decisiones de otros", en alusión a ataques como el de la escuela de Minab, sobre el que se ha mostrado especialmente crítica.