El destacado escritor de Barcelona, Eduardo Mendoza, ha protagonizado la apertura del Salón Literario en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, con un relato cargado de ironía sobre la evolución de su ciudad natal, desde la era de los íberos hasta la actualidad, marcada por la presencia de ‘expats’. Durante su intervención, Mendoza resaltó cómo los escritores del ‘boom latinoamericano’ inyectaron una «transfusión de sangre nueva» en la Barcelona de los años 60 y 70.
Recordó aquellos tiempos como una era de gran entusiasmo y esperanza, subrayando la influencia positiva que tuvo la llegada de estos autores en la cultura local. Según sus palabras, estos escritores no solo fueron acogidos efusivamente, sino que también establecieron lazos muy fuertes con la ciudad, convirtiendo a Barcelona en un lugar excepcionalmente alegre durante esa época.
Comenzando su discurso admitiendo sentirse «muy nervioso», Mendoza ofreció una visión única de la historia barcelonesa, destacando su tendencia a alinearse históricamente con el bando perdedor, lo que, curiosamente, no ha desanimado a la ciudad sino que la ha impulsado a buscar nuevas direcciones.
Mendoza trazó un recorrido histórico de Barcelona, desde sus orígenes íberos, pasando por las etapas cartaginesa y romana, hasta llegar a su primer florecimiento en la Edad Media. Durante este periodo, destacó la construcción de edificios góticos y el auge del comercio marítimo, seguido por un declive que se prolongó hasta los siglos XVIII y XIX, cuando la ciudad experimentó un renacimiento impulsado por la «laboriosidad» catalana tras la derrota en la guerra de sucesión.
Según el escritor, en tiempos de la Revolución Industrial, Barcelona experimentó un nuevo esplendor, aunque también enfrentó conflictos sociales. Posteriormente, las secuelas de la guerra civil española llevaron a la ciudad a una «larga época de oscuridad» bajo el franquismo, un periodo en el que Mendoza creció.
Con la llegada de la democracia y el capital extranjero, Barcelona se transformó en una ciudad atractiva para los visitantes y, más recientemente, en un destino popular entre los ‘expats’. Mendoza concluyó su discurso deseando que su intervención sirva de puente entre el pasado y el futuro de una ciudad tan rica literariamente como Barcelona.
En el evento, Mendoza fue honrado con la Medalla Carlos Fuentes, un reconocimiento a su trayectoria, entregado por la viuda del autor, Silvia Lemus. Marisol Shulz, directora de la FIL, lo describió como «un proveedor de felicidad», destacando el placer que proporciona tanto leer su obra como escucharlo en eventos como este.
