El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha concedido este jueves una licencia temporal que permite adquirir petróleo ruso que ya se encuentre cargado en buques, con el objetivo de “incrementar el alcance global al suministro existente”. La medida se adopta pese al régimen de sanciones contra Moscú por la guerra de Ucrania y en un contexto de fuerte tensión en el mercado del crudo, con subidas de precios impulsadas por la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz tras la respuesta de Irán a la ofensiva de Estados Unidos e Israel, que ha llevado al barril de Brent, referencia en Europa, a aproximarse a los 100 dólares.
“Para ampliar el alcance global del suministro existente, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos otorga una autorización temporal para que los países adquieran petróleo ruso actualmente varado en el mar”, ha señalado el responsable del Tesoro, Scott Bessent, en un mensaje difundido en redes sociales.
En esa misma comunicación, el secretario del Tesoro ha precisado que “esta medida, de alcance limitado y a corto plazo, se aplica únicamente al petróleo que ya está en tránsito y no aportará beneficios financieros significativos al Gobierno ruso”, al explicar que Moscú “obtiene la mayor parte de sus ingresos energéticos de los impuestos aplicados en el punto de extracción”.
Bessent ha defendido además que “las políticas energéticas del presidente (Donald) Trump han impulsado la producción de petróleo y gas de Estados Unidos a niveles récord, lo que ha contribuido a la reducción de los precios del combustible para los estadounidenses trabajadores”, pese al acusado encarecimiento del crudo registrado en las últimas jornadas, que ha llevado las cotizaciones por encima de los 100 dólares el barril y sitúa actualmente el West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, en torno a los 96 dólares.
No obstante, el secretario del Tesoro ha sostenido que “el aumento temporal de los precios del petróleo es una perturbación temporal que, a largo plazo, beneficiará enormemente a nuestra nación y a nuestra economía”.
Al margen de esta valoración, la Administración de Donald Trump da así un nuevo paso en su estrategia para intentar aliviar la tensión en el mercado mundial de hidrocarburos, muy presionado en las últimas semanas por el cierre de facto del estrecho de Ormuz —aunque Teherán lo haya negado—.
Desde el inicio de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, respondida por Irán y por milicias afines en Oriente Próximo, este corredor estratégico, por el que transita aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo global de petróleo —además de importantes volúmenes de gas natural licuado y fertilizantes—, registra un acusado descenso del tráfico de buques y ha sido escenario de repetidos ataques contra algunos de los escasos navíos que han intentado atravesarlo.