Siete días después del ataque sin precedentes lanzado por Estados Unidos e Israel para intentar descabezar a la República Islámica de Irán, la campaña aérea se ha intensificado con bombardeos sobre cientos de objetivos en territorio iraní. Teherán, por su parte, ha respondido golpeando intereses estadounidenses en toda la región, extendiendo el conflicto a una docena de países de Oriente Próximo y encendiendo las alertas de la comunidad internacional por el impacto económico de una guerra descontrolada en un enclave clave para el comercio mundial.
El balance de víctimas supera ya los 1.200 muertos en Irán, a los que se suman una decena de civiles en Israel y al menos seis militares estadounidenses. La operación 'Furia Épica' entra así en una nueva fase de ataques aéreos continuados contra la República Islámica, que lanza mensajes de resistencia mientras afronta el delicado proceso de sucesión de Alí Jamenei. Este relevo está siendo gestionado por el triunvirato al frente del Consejo de Liderazgo de Irán y recaerá en la Asamblea de Expertos, el órgano de 88 clérigos encargado de designar al próximo líder supremo.
Los Ejércitos de Estados Unidos e Israel concentran sus ataques en instalaciones militares y nucleares, con el objetivo declarado de mermar la capacidad de Irán para proyectar poder en la región. Israel, principal valedor de mantener la ofensiva, pretende aprovechar lo que considera una oportunidad histórica para redibujar el mapa de Oriente Próximo y reconfigurar el tablero político regional.
"Estamos en una campaña en la que ponemos toda la fuerza de las Fuerzas de Defensa de Israel como jamás lo habíamos hecho para garantizar nuestra existencia y nuestro futuro", afirmó el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en el segundo día de la ofensiva, reiterando el propósito que Israel persigue desde hace décadas: poner contra las cuerdas al régimen de los ayatolás.
Estados Unidos, sin embargo, ha modulado su discurso desde el inicio del ataque. Si en un primer momento enmarcó la operación en un supuesto "cambio de régimen", en los días posteriores ha abandonado esa narrativa y ha dejado de apelar a la población iraní para que se levante contra el sistema. El presidente, Donald Trump, ha precisado que su objetivo es influir en la elección del próximo líder iraní y no descarta que sea un religioso, siempre que mantenga una actitud favorable hacia Washington y hacia Israel.
Trump ha llegado a señalar que el modelo político interno de Irán no es prioritario para Estados Unidos mientras se cumplan esas condiciones, e incluso se muestra dispuesto a preservar la figura de los ayatolás. Con ello, quedan aparcadas las aspiraciones del hijo mayor del derrocado sah, Reza Pahlavi, relegado después de que el mandatario estadounidense subrayara que "alguien de dentro sería más apropiado".
IRÁN LANZA OLEADAS DE MISILES Y DRONES CONTRA UNA DECENA DE PAÍSES
Desde los primeros días de la guerra, Irán ha expandido el conflicto por toda la región mediante el lanzamiento de miles de misiles y drones contra una decena de países vecinos. Los ataques han alcanzado Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Arabia Saudí, Omán, Jordania y Bahréin, además de Siria e Irak, y han llegado también a Azerbaiyán, en el Cáucaso.
Emiratos es, por ahora, el país más castigado. En su territorio se ubican bases de Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Francia, y sus autoridades denuncian el disparo de 205 misiles balísticos, así como la detección de 1.184 drones iraníes, de los que 1.110 habrían sido derribados.
La guerra ha traspasado además las fronteras de Oriente Próximo y ha encendido las alarmas en Europa. Chipre ha denunciado un ataque con drones contra la base británica de Akrotiri, lo que ha motivado el despliegue naval y aéreo de Francia, Reino Unido, Grecia y España en la zona.
La dimensión internacional del conflicto se ha puesto aún más de relieve con el hundimiento, por parte de un submarino estadounidense, de un buque militar iraní frente a las costas de Sri Lanka. En el incidente murieron cerca de 90 militares iraníes, mientras que las autoridades ceilandesas rescataron a una treintena de supervivientes y ofrecieron refugio a la tripulación de una segunda fragata, temerosa de que también fuera atacada.
En paralelo, la tensión se ha disparado en Oriente Próximo después de que Israel lanzara una intensa campaña de bombardeos sobre Líbano, en respuesta al lanzamiento de proyectiles por parte del partido-milicia chií Hezbolá tras la muerte de Jamenei.
Esta escalada ha dejado por ahora 217 muertos y 798 heridos en territorio libanés, además de un éxodo masivo desde el sur del país. El Ejército israelí ha avanzado posiciones en esa zona, donde se prepara para una posible nueva incursión que justifica como una ampliación de su cinturón de seguridad.
REPERCUSIONES ECONÓMICAS MUNDIALES
La oleada de represalias iraníes contra intereses estadounidenses en la región ya se traduce en efectos palpables sobre el comercio global. El conflicto golpea de lleno al Golfo, un auténtico 'hub' económico, y amenaza el suministro mundial de energía que transita, en gran medida, por el estrecho de Ormuz, bajo control iraní y escenario de múltiples incidentes.
Con el barril de crudo Brent en 91,84 dólares, su nivel más alto desde abril de 2024, Qatar ha advertido de que la guerra desencadenada tras el ataque a Irán podría llevar a que todos los grandes exportadores de energía de la región detengan la producción en cuestión de semanas.
Según las autoridades cataríes, un corte coordinado de la oferta haría que el precio del petróleo se disparara hasta los 150 dólares por barril y podría "hundir las economías mundiales".
Las potencias occidentales centran ahora su preocupación en cuánto se prolongará el conflicto. Washington descarta que se convierta en una guerra larga y rehúye cualquier comparación con la invasión de Irak de 2003, aunque admite que, como mínimo, la campaña se alargará entre cuatro y cinco semanas.
En los últimos días, movimientos militares de países como Francia o Estados Unidos buscan asegurar las rutas comerciales, en un momento en que la crisis complica el tránsito por pasos clave como el canal de Suez. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha ordenado desplegar el portaaviones 'Charles de Gaulle' en el Mediterráneo y ha llamado a sus socios europeos a formar una coalición que garantice el tráfico marítimo en estos puntos estratégicos.
Por su parte, Trump ha ofrecido seguros y escolta militar a los buques mercantes que crucen el estrecho de Ormuz, tras recalcar que, "pase lo que pase", Washington va a "garantizar" el "libre flujo de energía al mundo".
SALIDA DIPLOMÁTICA
En plena fase álgida de la confrontación militar, las llamadas internacionales a la desescalada proceden básicamente de actores como Turquía u Omán, que históricamente han mantenido canales abiertos tanto con Estados Unidos como con Irán. Mientras tanto, la unidad de la Unión Europea se resquebraja y crecen las críticas a la ofensiva, especialmente después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se desmarcara del respaldo casi unánime en la UE a la operación estadounidense.
Su negativa a que el Ejército norteamericano utilizara las bases de Rota y Morón para lanzar ataques le ha convertido en blanco de las críticas de Trump, aunque su postura ha recibido el apoyo de Macron. La última en alinearse con esta posición ha sido la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que ha optado por mantenerse al margen de la guerra en Irán.
Pese a que un alto el fuego y una salida diplomática parecen lejanos, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, ha revelado que "algunos países" ya han iniciado "esfuerzos de mediación" para tratar de frenar la espiral bélica. En la misma línea, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha instado a todas las partes a evitar nuevas escaladas.