Con el anuncio realizado este domingo por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer un cierre perimetral al estrecho de Ormuz —ya bajo control de Irán desde el inicio de la guerra con Estados Unidos e Israel el 28 de febrero—, esta vía clave para el comercio internacional ha quedado de facto clausurada a la navegación comercial. Por este corredor transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que se mueve por mar en todo el mundo.
Trump ha endurecido su postura tras el fracaso de las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán celebradas en Islamabad. En un mensaje difundido en redes sociales, ha responsabilizado directamente a Teherán de la situación y ha advertido de que la Marina estadounidense interceptará cualquier buque que haya abonado el “peaje” impuesto por Irán para atravesar el estrecho.
El mandatario ha precisado que estas intercepciones se producirán “en aguas internacionales”, una afirmación que introduce aún más complejidad jurídica. Estados Unidos no es parte de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que establece el límite de 12 millas náuticas para el mar territorial de cada Estado.
Un laberinto jurídico en torno al estrecho
El estrecho de Ormuz tiene una anchura máxima de 21 millas náuticas, lo que provoca un solapamiento de jurisdicciones. Irán y Omán reclamaron en su momento sus respectivas aguas territoriales conforme a la normativa internacional, aunque Teherán ha aplicado estas reglas de forma selectiva hasta asumir el control efectivo del paso.
Por su parte, Estados Unidos se ha erigido durante años en defensor de la “libertad de navegación”, apelando al derecho internacional consuetudinario. Organismos como la Organización Marítima Internacional (OMI) han rechazado cualquier intento de imponer peajes en esta ruta, advirtiendo de que supondría “un precedente peligroso”, una postura compartida también por la Unión Europea.
Bloqueo total y riesgo para el comercio energético
Desde que Irán impuso un sistema de peajes a buques internacionales, la Guardia Revolucionaria había sugerido rutas alternativas. Sin embargo, tras la decisión de Washington, estas opciones han quedado prácticamente anuladas.
La situación actual configura un bloqueo total de facto:
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Irán impide el paso a los barcos que no paguen
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Estados Unidos amenaza con interceptar a los que sí lo hagan
Los buques estadounidenses pueden operar tanto en el golfo Pérsico como en el golfo de Omán y el mar Arábigo, lo que refuerza el control militar sobre la zona.
Un impacto global inmediato
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos más estratégicos del planeta. Solo en 2025, circulaban por esta vía unos 20 millones de barriles diarios de petróleo, procedentes de países como Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos.
Este flujo energético, valorado en torno a 500.000 millones de euros anuales, queda ahora en el aire, a la espera de la reacción de los mercados internacionales y de los próximos movimientos de Washington, que no descarta iniciar una operación de desminado en la zona.
La crisis abre así un escenario de máxima incertidumbre, tanto a nivel geopolítico como económico, con el comercio energético global en el centro de la tensión.