El caso Epstein acorrala a Starmer y reabre el debate sobre su futuro en Downing Street

Dimisiones en cadena y el caso Epstein agravan la crisis en torno a Keir Starmer y reavivan las dudas sobre su continuidad como primer ministro británico.

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El primer ministro británico, Keir Starmer Europa Press/Contacto/Stephen Chung

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La permanencia de Keir Starmer al frente del Gobierno británico vuelve a estar en el aire tras la renuncia casi simultánea de dos figuras clave de su círculo más cercano y el incremento de las críticas internas en el Partido Laborista por el escándalo de los documentos del delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein, que salpica al exembajador Peter Mandelson, nombrado responsable de la Embajada en Washington.

El entorno de Starmer se resiente después de que, en menos de un día, hayan abandonado sus puestos su jefe de gabinete, Morgan McSweeney, y el director de comunicación, Tim Allan, antiguo subsecretario de prensa del ex primer ministro Tony Blair.

Allan se convierte así en el cuarto responsable de comunicación que deja el cargo, tras Matthew Doyle, que dimitió en marzo de 2025; James Lyons, que lo hizo en septiembre del mismo año, y Steph Driver, que ocupó el puesto hasta que el exasesor de Blair asumió esas funciones. En contraste, el ex primer ministro Rishi Sunak contó con dos directores de comunicación y Boris Johnson con cuatro.

Estas dimisiones incrementan el desgaste sobre Starmer, que por ahora rechaza renunciar, pese al aumento de voces dentro de su propia formación que le reclaman que abandone Downing Street. Este lunes, el líder de los laboristas escoceses, Anas Sarwar, le ha instado a apartarse, al considerar que su liderazgo está contaminado, incluso después de que el primer ministro hiciera autocrítica y admitiera que confió en Mandelson aun sabiendo de sus vínculos con Epstein.

“Debemos demostrar que la política puede ser una fuerza positiva. Creo que sí, que lo es. Seguimos adelante. Avanzamos con confianza mientras seguimos transformando el país”, ha afirmado Starmer en un mensaje enviado a su personal con motivo de la salida de Allan.

Con todo, el jefe del Ejecutivo ha recibido el respaldo público de varios pesos pesados de su gabinete. El viceprimer ministro, David Lammy; la ministra de Exteriores, Yvette Cooper; el titular de Defensa, John Healey, y la ministra del Interior, Shabana Mahmood, se han pronunciado a favor de que continúe.

En la orilla opuesta, la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, interpreta la marcha del director de comunicación de Starmer como “una señal más” de que el Gobierno se está “desmoronando”. “Ahora mismo tenemos un gobierno centrado exclusivamente en su propio psicodrama”, ha denunciado, remarcando que el primer ministro “no tiene el control” de la situación y que el país “no está siendo gobernado”.

En la misma línea, el presidente del Partido Conservador, Kevin Hollinrake, ha vaticinado que la salida de Starmer se producirá antes del verano. “Ha habido una serie de malas decisiones (...) a la política no le gustan los líderes débiles, así que creo que sabe que ha llegado su momento”, ha señalado en declaraciones a la emisora británica LBC News.

El líder del Partido Verde, Zack Polanski, se ha sumado también a las críticas y sostiene que el escándalo en torno a Mandelson evidencia lo “rota” que está la política en Reino Unido y que el Partido Laborista “no puede ni quiere arreglarla”.

“Necesitamos una política diferente: una en la que se les muestre la puerta a los hombres poderosos, ricos y corruptos, donde se erradique la explotación y se combata la desigualdad”, ha subrayado, recordando que Starmer conocía la relación de Mandelson con Epstein y “aún así le nombró” para después destituirle unos meses más tarde.

Desde otras formaciones de la oposición, el tono es algo más prudente. La líder adjunta de los Demócratas Liberales, Daisy Cooper, ha pedido que se someta al primer ministro a una moción de confianza en la Cámara de los Comunes. “Si pierde, debería dimitir”, ha advertido.

La caída de su mano derecha

Starmer afronta además el inicio de la semana sin Morgan McSweeney, que ha asumido toda la responsabilidad política por el nombramiento de Mandelson. Considerado su mano derecha, le acompañó cuando lideraba la oposición, durante la campaña electoral y tras su llegada al número 10 de Downing Street.

“La decisión de nombrar a Peter Mandelson fue un error. Ha dañado a nuestro partido, a nuestro país y la confianza en la propia política. Cuando me lo pidieron, aconsejé al primer ministro que hiciera ese nombramiento y asumo toda la responsabilidad por esa recomendación”, recoge su carta de renuncia.

El desgaste de McSweeney, no obstante, venía de atrás. Se había convertido en diana de un sector de diputados laboristas incómodos con el rumbo del partido en asuntos como inmigración o los recortes en la asistencia social, líneas de actuación que han abierto brechas internas en una formación que en su día lideró Jeremy Corbyn.

Al menos 20 parlamentarios expresaron públicamente su malestar por la política migratoria del Ejecutivo. De hecho, en fechas recientes Starmer se vio obligado a defenderse tras ser acusado de utilizar un lenguaje “divisivo” al advertir de que Reino Unido corre el riesgo de transformarse en una “isla de extraños”.