El primer ministro de República Checa, Andrej Babis, ha hecho público su apoyo a su homólogo húngaro, Viktor Orbán, que se juega la continuidad en el poder en las trascendentales elecciones de este domingo. La cita llega con una oposición que parte como favorita y en medio de un cruce de acusaciones de posible fraude electoral con su principal adversario y antiguo colaborador, Peter Magyar.
“En tiempos turbulentos, optar por la estabilidad y un liderazgo probado es más importante que nunca”, ha manifestado en redes sociales el primer ministro checo, de 71 años y uno de los grandes aliados de Orbán.
Babis también ha destacado que Orbán, con quien comparte espacio en el Parlamento Europeo dentro del bloque de extrema derecha Patriotas por Europa (PfE), “siempre ha luchado por una Europa más fuerte, una construida sobre la paz, sobre la soberanía nacional de sus Estados miembros, y sobre la competitividad”.
La convocatoria a las urnas se interpreta como un auténtico plebiscito sobre Orbán, convertido en el principal referente de la fuerte polarización que sacude hoy a Europa Central, atrapada entre una corriente liberal y europeísta y otra con una agenda ultranacionalista y conservadora. Esta última tiene entre sus socios al presidente ruso, Vladimir Putin, y se reivindica como cercana al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En un contexto político de máxima tensión y bajo la vigilancia de Bruselas y Washington, los sondeos sitúan como favorito a Magyar y a su formación, Tisza. Sin embargo, el alcance real de una eventual victoria dependerá no solo de la claridad del resultado, sino también del perfil que decida adoptar el dirigente opositor, cuyas posiciones no se encuentran en realidad tan distantes de las de Orbán, de quien fue subordinado.