El Partido Liberal Democrático (PLD) que lidera la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, llega a las elecciones anticipadas de este domingo como la fuerza con más opciones de victoria. La jefa de Gobierno, impulsora de esta cita con las urnas, aspira a asegurarse una supermayoría que le permita sacar adelante un paquete de reformas con las que pretende abrir lo que ha descrito como la nueva era de Japón.
Pese a la aparición de nuevas alianzas opositoras y a la ruptura con su tradicional socio de coalición, Komeito, Takaichi confía en que su elevada valoración pública le proporcione los escaños necesarios para aprobar sus planes en materia presupuestaria y de defensa.
Con un 42,3% de intención de voto, según los últimos sondeos, el PLD se sitúa como la opción preferida del electorado. Por detrás figura la alianza entre Komeito y el Partido Democrático Constitucional de Japón (CDP), que en los anteriores comicios concurrieron separados. Esta coalición, bautizada como Alianza Reformista Centrista, suma el 15,8% de los apoyos.
En tercer lugar aparece el ultraconservador y populista Sanseito, de corte trumpista y nacionalista, con el 6,1% de respaldo. Le siguen el conservador Partido Democrático del Pueblo (DPFP), el neoliberal Partido Innovación (JIP), conocido como Ishin, y el Mirai, una formación volcada en la democracia digital y fundada en 2025 por el escritor de ciencia ficción Takahiro Anno.
En la parte baja de las encuestas se sitúan el progresista Reiwa Shinsengumi --creado por antiguos miembros del Partido Liberal contrarios a su integración en el DPFP--, el Partido Conservador, el Partido Comunista de Japón y el Partido Socialdemócrata.
Aunque la popularidad de Takaichi se ha visto algo erosionada en las últimas semanas, la primera ministra mantiene todavía un respaldo notable que podría convertirla en la gran vencedora de la noche electoral. Sus índices de aprobación rondan el 67%, una cifra aún elevada.
La meta marcada por la líder del PLD es alcanzar los 261 escaños necesarios para obtener una "mayoría absoluta estable" y avanzar sin trabas en su programa. Este umbral permitiría al oficialismo dominar las 17 comisiones parlamentarias de la Cámara Baja de la Dieta y asegurarse la mayoría en cada una de ellas. Pese a la fuerte fragmentación interna del PLD, las encuestas indican que, con el apoyo de su nuevo aliado, el Partido Innovación, Takaichi tendría más sencillo lograr una victoria amplia.
Los sondeos apuntan incluso a que ambas formaciones podrían llegar a controlar dos tercios de la Cámara, superando los 300 diputados. De materializarse este escenario, los partidos integrados en la Alianza Reformista Centrista podrían perder más de la mitad de los escaños que ostentaban antes de que la primera ministra decidiera adelantar las elecciones.
Campaña exprés y mal tiempo
La campaña se ha desarrollado a contrarreloj, con la duración más breve desde la Segunda Guerra Mundial, y bajo el impacto de intensas nevadas que han causado más de una treintena de fallecidos en el país. A ello se ha sumado el retraso en el envío de las papeletas para el voto anticipado, que ha complicado la organización del proceso.
Entre las principales inquietudes de la ciudadanía figuran el encarecimiento del coste de la vida y el aumento del tono militarista. La idea de un rearme de Japón ha ido ganando terreno conforme se incrementa la presión de Estados Unidos, aunque para buena parte de la población siguen pesando más las preocupaciones económicas y demográficas.
Las perspectivas del PLD mejoraron después de que Takaichi cancelara su asistencia a un debate organizado por la cadena NHK tras lesionarse una mano. La propia dirigente explicó en redes sociales que la dolencia se debía a haber estado saludando a "un gran número de seguidores".
"Cuando doy la mano a tantos seguidores entusiastas, muchos tiran de ella, y acabo sufriendo alguna lesión. Tengo síntomas de artritis reumatoide y la mano se me inflama", afirmó entonces, en unas declaraciones que recibieron duras críticas por parte de la oposición.
La batalla por la Constitución
Si finalmente consolida una mayoría holgada, el nuevo Ejecutivo japonés se marcará como prioridad la reforma de la Constitución. Se trata de un debate que aún no concita un consenso claro entre los ciudadanos, pero con el que Takaichi pretende seguir la senda de anteriores líderes conservadores como Shinzo Abe.
El cambio constitucional supondría poner fin a la etapa pacifista inaugurada justo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Tokio renunció "para siempre" a la guerra como "derecho soberano" y aceptó fuertes restricciones a la actuación de sus Fuerzas de Autodefensa.
Para aprobar la reforma se requiere el apoyo de dos tercios de la Cámara de Representantes --es decir, el voto favorable de 310 de los 465 diputados-- y, posteriormente, el respaldo de la mayoría de la población en un referéndum nacional.
En uno de sus discursos previos a la convocatoria electoral, Takaichi ya defendió la urgencia de abordar este cambio "en este preciso momento", al considerar imprescindible contar con un mandato claro para impulsar transformaciones de calado de cara al futuro del país.