El presidente de Somalia, Hasan Sheij Mohamud, ha ratificado este domingo una nueva Constitución que reemplaza al texto provisional en vigor desde 2012. La Carta Magna consolida el modelo de sufragio directo defendido por el jefe del Estado, en un contexto de fuertes críticas de la oposición, que se negó a intervenir en la votación parlamentaria celebrada el miércoles.
En la sesión conjunta de la Cámara del Pueblo y la Cámara Alta, un total de 223 parlamentarios respaldaron la nueva Constitución: 186 diputados de la cámara baja y 37 senadores. La oposición, sin embargo, optó por no asistir al pleno y dejó vacíos sus escaños durante el procedimiento.
A lo largo del proceso de reforma constitucional han aflorado profundas discrepancias entre el Gobierno federal y las administraciones regionales, especialmente en torno al sistema de gobierno, el modelo electoral, el reparto de competencias y el estatus político de la capital, Mogadiscio.
En un artículo publicado en el influyente portal Garowe, el ministro de Presidencia del estado separatista de Puntlandia, Abdifatá Abdinur, denuncia que tanto su región como los también independentistas de Jubalandia trasladaron objeciones contundentes, que más de de cincuenta diputados vieron impedido su derecho a deliberar y que destacadas figuras políticas, incluidos exlíderes nacionales, han cuestionado la legitimidad del proceso.
Somalia llevaba años utilizando un sistema indirecto para la elección del presidente y del Parlamento. Con la nueva Constitución se busca fijar normas más precisas y vinculantes para los comicios y para el acceso a los principales cargos del Estado.
El Ejecutivo sostiene que el nuevo texto responde parcialmente a las demandas de sus detractores: establece que el presidente será escogido por el Parlamento, mientras que los diputados serán elegidos directamente por los ciudadanos. El primer ministro será nombrado por el presidente, pero el Parlamento conservará la facultad de destituirlo.
El punto más controvertido gira en torno a la duración del mandato presidencial, que pasa de cuatro a cinco años. Este cambio abre la puerta a que el actual presidente pueda completar su periodo el año próximo, y no en mayo como estaba previsto hasta ahora, fecha en la que, en principio, debían celebrarse elecciones.
Aunque el texto no contempla una prórroga automática, sí deja margen para la interpretación. La oposición lleva meses advirtiendo de que el presidente carece de intención de organizar los comicios de mayo debido a las enormes dificultades logísticas y al escaso tiempo disponible, y teme que Mohamud permanezca en el poder un año adicional.