El máximo responsable de la misión de paz de Naciones Unidas en República Democrática del Congo (MONUSCO), James Swan, se ha desplazado este viernes a Goma, capital de la provincia de Kivu Norte, controlada por los rebeldes desde el año pasado. El objetivo principal del viaje es comprobar sobre el terreno la situación actual de la ciudad en el marco del alto el fuego entre el Ejército congoleño y las milicias del Movimiento 23 de Marzo (M23), un acuerdo firmado pero que nunca ha llegado a aplicarse de forma efectiva.
“Mi presencia aquí tiene como objetivo principal reunirme con nuestros equipos, escuchar sus análisis, intercambiar opiniones con las autoridades de facto y examinar las condiciones concretas en las que la MONUSCO puede continuar con su mandato”, ha explicado Swan, que aludió así a la administración del M23 que dirige la ciudad desde enero de 2025, del mismo modo que ocurre en Bukavu, capital de la vecina Kivu Sur.
“La MONUSCO tiene el mandato de apoyar el alto el fuego mediante su participación y respaldo a los mecanismos ampliados de verificación conjunta”, ha añadido Swan en declaraciones recogidas por Radio Okapi, la emisora de Naciones Unidas en el país.
La llegada de Swan a Goma se produce pocos días después de que el Gobierno congoleño y el M23 concluyeran el pasado domingo en la localidad suiza de Montreaux una nueva ronda de negociaciones de paz, en la que se habrían producido algunos avances concretos para intentar encauzar uno de los conflictos más graves que vive actualmente el continente africano.
El enfrentamiento entre el Ejército de la República Democrática del Congo y el M23 se prolonga desde hace años en el este del país y tiene un marcado carácter regional, vinculado a las consecuencias del genocidio ruandés de los años 90. Burundi respalda a las fuerzas gubernamentales congoleñas y a las milicias aliadas conocidas como wazalendos, mientras que el M23, que se presenta como defensor de la comunidad tutsi congoleña, recibe apoyo de la vecina Ruanda.
El balance real de víctimas mortales resulta imposible de determinar. Los intentos de la comunidad internacional para poner fin a la violencia, entre ellos un acuerdo de paz impulsado por Estados Unidos en junio del año pasado, no han logrado traducirse en resultados tangibles sobre el terreno y han quedado, por ahora, en papel mojado.