Honduras acude a las urnas este domingo para celebrar elecciones generales en un contexto marcado por intensas acusaciones de fraude electoral entre los principales candidatos. La nación, que ha enfrentado históricos desafíos de corrupción y narcotráfico, se prepara para elegir un nuevo presidente, configurar el Congreso, renovar cerca de 300 alcaldías y definir los veinte escaños del Parlamento Centroamericano.
Las denuncias de manipulación electoral han incrementado la tensión y hay preocupación de que los resultados no sean reconocidos, lo que podría poner en peligro la estabilidad del proceso electoral. Observadores internacionales, incluyendo la OEA y la misión de la Unión Europea, han expresado su preocupación al respecto.
La contienda ha estado igualmente marcada por la divulgación de audios que involucran a Cossette López, del Partido Nacional, en supuestas maniobras para alterar los resultados electorales, en colaboración con figuras militares y políticas. A pesar de las afirmaciones del fiscal general, Johel Zelaya, sobre la veracidad de estos audios, la oposición alega que han sido manipulados y critica la decisión gubernamental de emplear a las Fuerzas Armadas para supervisar el proceso electoral.
LOS TRES CANDIDATOS CON ASPIRACIONES REALES
Durante los últimos 45 días de campaña, los candidatos intercambiaron acusaciones de fraude y ataques personales. El silencio electoral se rompió con declaraciones de Donald Trump, quien endosó a Nasry Asfura, del Partido Nacional, advirtiendo sobre los peligros del comunismo y condicionando la ayuda de Estados Unidos a la elección de su candidato favorito.
Salvador Nasralla se presenta como una figura de cambio para un partido que ha estado fuera del poder durante 16 años, mientras que Rixi Moncada busca continuar el legado de Xiomara Castro. Asfura, conocido como ‘papi a la orden’, enfrenta su segunda candidatura con el respaldo de Trump y un historial de gestión en Tegucigalpa marcado por grandes proyectos y controversias.
El ganador de estas elecciones deberá abordar los persistentes problemas de pobreza, violencia y deslegitimación institucional en un contexto de profunda polarización política y social.
