La Policía de Etiopía ha comunicado este jueves la confiscación de un cargamento de munición que habría sido remitido por las autoridades de Eritrea a la milicia Fano, activa en la región de Amhara. El anuncio llega en pleno intercambio de reproches y en un contexto de creciente tensión entre ambos países en los últimos meses, mientras Asmara aún no ha ofrecido una respuesta oficial a las acusaciones procedentes de Adís Abeba.
En una nota difundida en sus redes sociales, la institución policial ha detallado que la operación se ha saldado con la incautación de 56.000 cartuchos y la detención de dos sospechosos. Asimismo, ha señalado que la finalidad del envío era “armar al grupo extremista Fano con el fin de destruir la paz en el país” y ha señalado también al Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF) como parte implicada en estos supuestos suministros.
En este comunicado, la Policía ha remarcado que Etiopía es consciente de las maniobras de “traidores” destinadas a “destruir la paz y la seguridad” y a “obstaculizar el desarrollo” nacional. “Dado que estas fuerzas enemigas siguen trabajando para causar peligro a nuestro país, la Policía pide a la sociedad que coopere con las fuerzas de seguridad”, ha añadido el cuerpo, apelando a la colaboración ciudadana.
Las milicias Fano combatieron junto a las fuerzas especiales de Amhara en la guerra contra el TPLF —conflicto en el que Etiopía y Eritrea actuaron como aliados— entre 2020 y 2022. Sin embargo, la decisión del Ejecutivo etíope de disolver dichas fuerzas especiales tras el acuerdo de paz alcanzado con el grupo tigriña llevó a numerosos integrantes a integrarse en Fano y a participar posteriormente en ataques contra el Ejército federal.
Ya en octubre de 2025, las autoridades etíopes acusaron a Eritrea y al TPLF de coordinarse para “lanzar una guerra” contra el país africano. Asmara rechazó estas imputaciones y denunció el “provocador ruido de sables” procedente de Adís Abeba. Por su parte, el grupo tigriña también negó cualquier implicación y alertó de que el Gobierno central “preparan el caso para otra guerra en la región”.
Este cruce de señalamientos refleja un nuevo episodio en el progresivo deterioro de las relaciones entre Etiopía y Eritrea, ya marcadas por la tensión desde que esta última obtuviera su independencia en 1993. Aquella ruptura desembocó en una guerra entre 1998 y 2000, que dejó a Etiopía sin salida al mar Rojo, un acceso que Adís Abeba reclama ahora para impulsar su economía.