El ministro de Exteriores francés, Jean-Noel Barrot, ha asegurado este jueves que el Ejecutivo galo “no ha cedido a ninguna presión” después de que Sudáfrica denunciara su exclusión de la próxima cumbre del G7, prevista para junio en Évian-les-Bains, atribuyéndola a supuestas injerencias de Estados Unidos.
“No cedimos a ninguna presión y tomamos una decisión coherente con nuestra intención de celebrar un G7 más reducido, centrado en cuestiones geoeconómicas. Obviamente, mantenemos un contacto estrecho con Sudáfrica, que sigue siendo un socio clave de Francia en todos los asuntos globales importantes”, ha declarado Barrot ante los medios en Vaux-de-Cernay, sede estos días de una reunión del grupo.
El jefe de la diplomacia francesa ha añadido que París ha optado por cursar invitación a Kenia para la cita de Évian en junio “como parte del trabajo” que ambos países desarrollan “para preparar la cumbre Africa Forward que se celebrará en mayo”.
Las palabras de Barrot llegan después de que el portavoz de la Presidencia sudafricana, Vincent Magwenya, indicara a Politico que Francia —que ostenta la presidencia rotatoria del G7— retiró la invitación al presidente Cyril Ramaphosa por presiones de la Administración Trump.
“Hemos aceptado la decisión francesa y comprendemos la presión a la que han sido sometidos”, afirmó Magwenya, antes de subrayar que “Sudáfrica siempre intentará resolver las disputas mediante el diálogo constructivo”.
Las relaciones entre Estados Unidos y el continente africano atraviesan un momento delicado, en buena medida por sus posiciones enfrentadas en torno a la Franja de Gaza. Trump ha arremetido en repetidas ocasiones contra el Gobierno sudafricano, llegando a calificar de “genocidio” la situación de los afrikáners a raíz de la política de redistribución de tierras.
Washington ha impuesto además aranceles del 30% a la mayoría de los productos exportados por Sudáfrica. Aun así, Pretoria aceptó las credenciales del nuevo embajador estadounidense, Brent Bozell, quien fue llamado a consultas después de criticar una resolución judicial sudafricana que concluía que la canción ‘Kill the Boer’ no constituía un discurso del odio.