La guerra en Irán siembra incertidumbre en la Sanidad: ¿hay riesgo para el suministro de medicamentos?

El principal factor de inestabilidad es el energético. Además, la logística podría ser un problema. El 60/80% de APIs proceden de China e India y las rutas comerciales comienzan a verse afectadas por el cierre del estrecho de Ormuz y el espacio aéreo

4 minutos

Imagen de un estante de una farmacia con medicamentos en Madrid (España) a 2 de marzo de 2020. Jesús Hellín - Europa Press

Publicado

4 minutos

La escalada bélica en Irán por el ataque de Estados Unidos e Israel continúa y el aumento de la tensión en Oriente Próximo empieza a impactar en diversos sectores. Ya comienza a sobrevolar el fantasma de una posible crisis energética a cuenta del petróleo y el gas, y los mercados bursátiles se desploman. ¿Puede el conflicto afectar a otros sectores vitales, como es el sanitario? ¿Está garantizado el abastecimiento de medicamentos y productos sanitarios?

Fuentes de la industria farmacéutica consultadas por Demócrata mantienen la calma. Piden prudencia y alejarse del alarmismo. Aseguran que, de momento, no se ha visto afectada la cadena de suministro ni se han registrado problemas vinculados directamente con la situación en la región; aunque como no podía ser de otra forma, existe cierta incertidumbre.

El Ministerio de Sanidad se mueve en la misma tónica. Fuentes del departamento comandado por Mónica García reconocen que, si bien aún no se han detectado incidencias sustanciales, no se puede obviar la incertidumbre. En concreto, el factor de mayor potencial de riesgo de desestabilización en la cadena es el aumento del precio de la energía.

El factor de mayor potencial de riesgo de desestabilización en la cadena es el aumento del precio de la energía

Cuestión de energía

El elemento que más preocupa no es tanto una interrupción directa del comercio farmacéutico como el encarecimiento de la energía. La industria farmacéutica y la de productos sanitarios dependen de procesos productivos intensivos en consumo energético. A ello se suma el impacto que los costes energéticos tienen sobre el transporte y la logística internacional. Un encarecimiento sostenido podría tensionar márgenes, elevar costes de producción y generar distorsiones en la cadena.

No es la primera vez que el sector sanitario se enfrenta a un shock externo de esta naturaleza. Durante la pandemia y posteriormente con la crisis energética vinculada a la guerra de Ucrania, la cadena de suministro global mostró su vulnerabilidad ante disrupciones prolongadas.

Desde entonces, administraciones y compañías han reforzado mecanismos de seguimiento y diversificación; y los gobiernos trabajan en el refuerzo de la autonomía estratégica. España tiempo ha que estudia una reserva estratégica (RECAPI), pero tanto la nueva Ley de Industria como la reforma de Medicamentos permanecen encalladas.

El Proyecto de Ley de Industria y Autonomía Estratégica duerme el sueño de los justos en el Congreso al calor de la ampliación sistemática del plazo de enmiendas. Por su parte, el Anteproyecto de Ley de Medicamentos aún tiene que pasar en segunda vuelta por el Consejo de Ministros.

Medicamentos críticos

El Gobierno decidió encajar en la Ley de Industria una de las prioridades legislativas de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: la Ley de Medicamentos Críticos, que busca garantizar un suministro seguro y continuo de estos medicamentos, considerados esenciales para el tratamiento de enfermedades graves o de situaciones de emergencia. Es el caso, entre otros, de los antibióticos de amplio espectro, la insulina, los medicamentos para tratar enfermedades cardíacas o respiratorias, analgésicos potentes, tratamientos para el cáncer o la epilepsia y productos para el control de infecciones.

En consecuencia, la guerra en Irán pilla a toda esta estrategia en una fase muy incipiente y no se descartan eventualidades en la cadena de suministro.

China, India y el estrecho de Ormuz

La producción de medicamentos y principios activos se articula en una red globalizada. Aunque Europa mantiene capacidad industrial relevante, una parte significativa de materias primas y componentes procede de terceros países y cualquier alteración en rutas comerciales estratégicas o en los costes de transporte puede impactar.

Según informes europeos y académicos sobre la cadena global de suministro, entre el 60% y el 80% de los ingredientes farmacéuticos activos (APIs) utilizados en medicamentos vendidos en Europa proceden de China o India.

La logística desde estos países aún no se ha visto afectada, pero Irán ha bloqueado el estrecho de Ormuz y el espacio aéreo en la región se ha visto gravemente afectado. No hay cifras específicas sobre medicamentos o productos sanitarios que se consumen en Europa y transitan a través del estrecho de Ormuz.

El estrecho es más un enclave estratégico de gas y petróleo, no para fármacos, pero es relevante que gran parte del comercio marítimo desde Asia (incluidos insumos farmacéuticos desde puertos chinos o indios) hacia Europa transita por rutas que pueden cruzar regiones sensibles como el mar Arábigo y el Golfo Pérsico.

Prudencia y vigilancia

En definitiva, tanto el Gobierno como el sector farmacéutico mantienen la calma y evitan mensajes alarmistas. El Ejecutivo y las compañías operan habitualmente con planificación de inventarios y previsiones para afrontar según qué contingencias. Por ahora, el conflicto no ha alterado esos planes y no hay señales de desabastecimiento ni de ruptura en la cadena de suministro de medicamentos o productos sanitarios.

Con todo, el Ministerio de Sanidad sigue de cerca la evolución de la situación. La experiencia reciente demuestra que las crisis internacionales pueden generar efectos encadenados, especialmente a través de los mercados energéticos. La cadena sigue operativa, pero el alcance final dependerá de la duración e intensidad de la crisis y el impacto en las rutas comerciales.