El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha expresado este sábado su "profunda" preocupación por la serie de ataques llevados a cabo por grupos armados yihadistas y tuaregs contra la capital de Malí, Bamako, así como contra otras localidades del país. Al mismo tiempo, ha reclamado a la comunidad internacional una respuesta decidida frente al auge del "extremismo violento" que sacude la región.
“El secretario general está profundamente preocupado por los informes de ataques en varias localidades de Malí. Condena enérgicamente estos actos de violencia, expresa su solidaridad con el pueblo maliense y subraya la necesidad de proteger a la población civil y la infraestructura civil”, ha aseverado el portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric, en un breve comunicado.
En este contexto de "creciente amenaza del extremismo violento y el terrorismo en el Sahel", el máximo responsable de la ONU ha insistido en la urgencia de "atender las necesidades humanitarias urgentes" y ha defendido la "coordinación del apoyo internacional" como herramienta esencial para responder a la crisis.
Así, Guterres ha reiterado igualmente su llamamiento a "una sólida coordinación y colaboración" en materia de seguridad en todo el Sahel, subrayando la importancia de una estrategia conjunta para contener la expansión de la violencia.
El Ejército de Malí ha informado este sábado de que varios grupos armados lanzaron de madrugada una ofensiva simultánea en distintos frentes contra las fuerzas malienses, atacando cuarteles en Bamako y en otros puntos del territorio. Esta embestida supone una auténtica prueba de resistencia tanto para la junta militar en el poder como para su principal socio en seguridad, Rusia.
Pese a la magnitud de la ofensiva, las Fuerzas Armadas malienses han asegurado que la situación se encuentra bajo control y han tildado de propaganda algunas de las afirmaciones difundidas por el grupo tuareg Frente de Liberación para el Azawad (FLA), si bien más tarde reconocieron la puesta en marcha de operaciones militares de gran envergadura contra los grupos armados.
Según el propio Ejército, sus unidades consiguieron repeler los ataques y neutralizar a cientos de combatientes, resaltando además el apoyo recibido por parte de la población civil. No obstante, admitieron que en determinadas áreas del país el escenario seguía siendo confuso y los enfrentamientos continuaban.
Por otro lado, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) ha reivindicado la autoría de ataques contra objetivos estratégicos como la sede de la Presidencia, el Ministerio de Defensa, el aeropuerto de Bamako y varias bases militares en Kati, y ha asegurado haber tomado el control de Kidal con el respaldo del FLA.