Una intensa tormenta invernal, catalogada como una «bomba ciclónica clásica del noreste», ha dejado buena parte del noreste de Estados Unidos bajo un manto blanco, paralizando ciudades y causando graves interrupciones en transporte y servicios básicos.
Nueva York y Boston, entre otras urbes, registraron nevadas récord que llegaron a los 83 centímetros en Providence, Rhode Island, superando marcas históricas de más de cuatro décadas.
El fenómeno, conocido localmente como «nor’easter», combinó precipitaciones intensas, fuertes rachas de viento y temperaturas extremas con sensación térmica de hasta -20ºC. En Nueva York, el alcalde Zohran Mamdani tomó medidas drásticas: prohibió la circulación de vehículos, cerró colegios y reforzó el trabajo de los quitanieves, mientras instaba a la población a mantenerse en casa y ayudar a los vecinos más vulnerables.
Vuelos y trenes cancelados
La tormenta afectó severamente a la infraestructura urbana: miles de vuelos fueron cancelados, trenes y sistemas de metro quedaron suspendidos, y más de 600.000 hogares se quedaron sin electricidad. En Boston, el histórico Common y sus alrededores se cubrieron de nieve, mientras los residentes luchaban por despejar las aceras que volvieron a cubrirse con rapidez ante la intensidad del temporal.
A pesar de los riesgos, muchos ciudadanos salieron a contemplar la nevada récord y a registrar imágenes de un paisaje urbano transformado, reflejo de la fuerza de un fenómeno que pone a prueba la resiliencia de las comunidades del noreste.
Con esta tormenta, la región enfrenta uno de los inviernos más agresivos en años, recordando la importancia de la coordinación entre autoridades y ciudadanía para superar emergencias meteorológicas de gran magnitud.