La guerra en Oriente Medio ha cruzado un nuevo umbral. Los hutíes de Yemen, el movimiento armado respaldado por Irán, han entrado de lleno en la escalada regional con ataques directos contra Israel y una advertencia que va mucho más allá de lo militar: el posible cierre del estrecho de Bab el Mandeb.
El ejército israelí confirmó este sábado la detección de un misil lanzado desde territorio yemení contra el sur del país a primera hora de la mañana. Fue interceptado, como ocurrió horas después con un misil de crucero y un dron también atribuidos a los hutíes. No hubo impacto, pero el mensaje quedó claro: el conflicto ya no tiene fronteras cercanas.
Durante meses, Yemen había sido un actor periférico, incómodo pero constante. Ahora ha decidido dar un paso adelante. Y eso cambia el equilibrio.
Bab el Mandeb: el punto que puede tensar la economía global
El estrecho de Bab el Mandeb, situado entre Yemen y el Cuerno de África, es una de las arterias clave del comercio mundial. Por ahí transita buena parte del tráfico marítimo que conecta Europa con Asia a través del Canal de Suez. Petróleo, gas, mercancías… todo pasa por ese cuello de botella.
Uno de los portavoces de los hutíes, Mohammed Mansour, lo expresó sin rodeos: cerrar el estrecho es “una de las opciones” dentro de la estrategia del grupo. No es una declaración simbólica. Es una amenaza directa al sistema logístico global.
Ya ocurrió en el pasado reciente. Los ataques a buques comerciales y petroleros en esa zona obligaron a desviar rutas, elevar costes y tensionar mercados. Si Yemen vuelve a convertirse en foco activo, el impacto no será solo regional. Será económico y global.
El “anillo de fuego” de Irán se activa de nuevo
La entrada de los hutíes no es un movimiento aislado. Forma parte de un esquema más amplio.
Durante meses, han sido el único actor del llamado “anillo de fuego” de Irán -junto a Hizbulá en Líbano o milicias en Irak- que mantenía ataques constantes contra Israel incluso en fases de tregua en otros frentes. Pero su papel en esta guerra, hasta ahora, había sido contenido.
El portavoz militar hutí, Yahya Sarea, anunció una “primera operación” con misiles balísticos contra objetivos israelíes y dejó claro que los ataques continuarán “hasta que se detenga la agresión en todos los frentes”. La narrativa es la misma que la de Teherán: una respuesta coordinada del llamado eje de resistencia.
Desde Israel, la respuesta no ha tardado. El portavoz militar Effie Defrin advirtió de que cualquier actor que ataque al país “pagará un precio”, en una señal de que Yemen podría convertirse también en objetivo directo.
Más presión sobre Israel: múltiples frentes, misma guerra
La entrada de Yemen añade un nuevo nivel de desgaste para Israel. Hasta ahora, el país afrontaba ataques desde Irán, Líbano -a través de Hizbulá- y la presión constante derivada del conflicto con Hamás. Ahora suma un frente más, a más de 1.500 kilómetros de distancia, que obliga a estirar aún más su sistema defensivo y su capacidad aérea.
Los hutíes llevaban semanas insinuando su entrada en la guerra, pero habían mantenido una posición ambigua. Su implicación puede interpretarse de dos formas opuestas.
Por un lado, como parte de un plan coordinado con Irán para ampliar el conflicto y dispersar la presión sobre Teherán. Por otro, como una reacción a la debilidad del régimen iraní tras semanas de ataques, obligando a sus aliados a implicarse más directamente.
También hay un factor interno. Yemen lleva años de guerra y desgaste. Volver a escalar el conflicto no es necesariamente lo más conveniente para el propio movimiento hutí.