La inflación en Estados Unidos ha escalado hasta el 3,3% en marzo, su nivel más alto en dos años, en un contexto marcado por la escalada bélica en Irán y la tensión energética global. El repunte de precios ha reactivado el temor a una nueva crisis inflacionaria y complica el margen de maniobra de la Reserva Federal.
Según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), el índice de precios al consumo registró además un aumento mensual del 0,9%, el mayor desde mayo de 2022, en plena crisis derivada de la guerra en Ucrania.
La energía, principal detonante del repunte
El fuerte encarecimiento de los combustibles ha sido el principal motor de la inflación. El índice de energía subió un 10,9% en marzo, su mayor incremento desde 2005, mientras que la gasolina se disparó un 21,2%, el mayor aumento desde que existen registros en 1967.
El contexto geopolítico ha sido determinante: la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha derivado en el bloqueo del estrecho de Ormuz, un punto clave por el que transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. El crudo Brent llegó a rozar los 120 dólares por barril, con un incremento cercano al 70% desde el inicio del conflicto.
La inflación vuelve a presionar a la Reserva Federal
El repunte de precios llega en un momento delicado para la política monetaria estadounidense. La Reserva Federal, que aspiraba a continuar con recortes de tipos, se enfrenta ahora a un escenario más incierto.
El aumento de la inflación reabre el debate entre analistas: mientras algunos advierten de la necesidad de endurecer la política monetaria, otros consideran que el origen del shock es externo y no responde a la demanda interna.
Advertencias desde organismos internacionales
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha advertido de que los bancos centrales deben estar preparados para subir tipos si la inflación continúa aumentando, en un contexto de alta incertidumbre global.
Sin embargo, parte del mercado mantiene la expectativa de que la Fed no altere su hoja de ruta, al considerar que el impacto actual proviene principalmente de la energía y no de un recalentamiento económico.
La evolución del conflicto en Oriente Medio y la duración del bloqueo del estrecho de Ormuz serán clave para determinar si el repunte de precios es temporal o el inicio de una nueva fase inflacionaria.