Irán podría estar siguiendo una estrategia mucho más ambiciosa que la simple confrontación militar en Oriente Medio. Según un análisis publicado en Financial Times por Vali Nasr, profesor de la Universidad Johns Hopkins y autor de Iran’s Grand Strategy, Teherán estaría tratando de presionar a Estados Unidos y sus aliados golpeando directamente la economía global.
La lógica es simple pero potencialmente devastadora: si el conflicto en el Golfo provoca subidas bruscas del precio del petróleo, interrupciones del comercio marítimo y tensiones en las cadenas de suministro, la presión económica sobre Washington y sus socios podría terminar forzando una negociación.
Nasr sostiene que Irán está jugando “una partida a largo plazo” basada en una guerra asimétrica contra el sistema económico internacional.
Golpear el petróleo y el comercio global
El análisis señala que en las primeras fases del conflicto Irán ha buscado absorber los ataques estadounidenses e israelíes mientras respondía con drones y misiles, una táctica destinada a agotar los sistemas de defensa aérea enemigos.
Pero la verdadera dimensión estratégica estaría en otro frente: la economía global.
Según el análisis publicado en Financial Times, drones y misiles iraníes han atacado instalaciones energéticas en países del Golfo como:
- Qatar
- Arabia Saudí
- Emiratos Árabes Unidos
Además, las tensiones en la región han afectado a petroleros en el Golfo Pérsico y han restringido el tráfico en el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo.
El resultado inmediato ha sido subidas en los precios del petróleo y una mayor volatilidad en los mercados energéticos.
La geografía del Golfo da ventaja a Irán
El argumento central del análisis es geográfico y estratégico. Irán controla toda la costa norte del Golfo Pérsico, una posición que le permite influir sobre las principales infraestructuras energéticas situadas en la costa sur. Además, sus aliados hutíes en Yemen se encuentran en la entrada del mar Rojo y del canal de Suez, otra de las arterias comerciales clave del planeta.
Esto, según Nasr, permite a Teherán presionar la economía global desde dos frentes simultáneos: el Golfo Pérsico y el acceso al mar Rojo.
La guerra también se libra contra las cadenas de suministro
El análisis también subraya que los ataques no se han limitado al sector energético. Los drones y misiles iraníes han afectado infraestructuras críticas en el Golfo, incluyendo centros logísticos como aeropuertos, puertos y centros de datos.
La interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz también afecta al transporte de materias primas, petroquímicos y fertilizantes, productos clave para la industria y la agricultura mundial.
El verdadero objetivo: forzar una negociación con Washington
La hipótesis que plantea el análisis es que Teherán intenta elevar el coste económico de la guerra para Estados Unidos y sus aliados.
En palabras del autor, los dirigentes iraníes creen que las bombas pueden pasar desapercibidas para muchos votantes estadounidenses, pero la inflación y el precio de la gasolina no.
Si el conflicto dispara la inflación energética y altera la economía global, la presión política interna sobre Washington podría aumentar.
Una guerra diseñada para durar
El análisis concluye que Irán podría sostener este tipo de presión durante mucho más tiempo que sus adversarios, utilizando tácticas de guerra asimétrica ya aplicadas anteriormente en Irak y Siria.
La estrategia final sería forzar a Estados Unidos a aceptar una solución política, que podría incluir un nuevo acuerdo nuclear, el levantamiento de sanciones y garantías internacionales para Irán
Según Nasr, los líderes iraníes creen que esta guerra solo terminará cuando el coste económico global sea tan alto que obligue a Donald Trump a negociar.