Irán presenta su propio plan para poner fin a la guerra: ¿en qué consiste la propuesta de Teherán?

Teherán endurece su postura frente a Washington con una propuesta que descarta treguas temporales y apuesta por un acuerdo estructural, mientras EE.UU. la considera insuficiente y mantiene la amenaza militar

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Manifestantes portan banderas de Irán en Brasil Europa Press/Contacto/Arthur Lamonier, Arthur Lamo

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La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos no parece ver el final. Lejos de aceptar una tregua provisional, Teherán ha rechazado la propuesta de alto el fuego de 45 días presentada por Pakistán, Egipto y Turquía y ha puesto sobre la mesa su propio plan para poner fin al conflicto, elevando el listón de las negociaciones y complicando cualquier acuerdo inmediato.

Según ha informado este lunes la agencia oficial Islamic Republic News Agency (IRNA), la República Islámica ha trasladado su respuesta a Washington a través de Pakistán, país que actúa como interlocutor en el conflicto, en forma de una propuesta de diez puntos. La posición iraní es clara: no habrá pausas temporales, solo un final definitivo de la guerra.

Pero la respuesta del presidente estadounidense, Donald Trump, no se ha hecho esperar. El magnate ha reconocido que la propuesta iraní supone “un paso significativo”, pero ha dejado claro que no es suficiente. "Irán puede ser eliminado en una noche y podría ser el martes", ha amenazado Trump, recordando a Teherán el ultimátum impuesto por la Casa Blanca, cuyo plazo vence ese día.

Aunque no existe un documento oficial público con los diez puntos desglosados, agencias internacionales han puesto sobre la mesa una serie de condiciones clave que estructuran esa oferta iraní, centradas en la soberanía, la reparación económica y la seguridad regional. ¿En qué consiste esa propuesta enviada por Teherán?

No a una tregua: Teherán exige un cierre total del conflicto

El núcleo del planteamiento iraní rompe con la estrategia de los mediadores. Frente a una tregua limitada en el tiempo, Teherán considera que un alto el fuego de 45 días es “ilógico” y no garantiza estabilidad real.

La República Islámica defiende que cualquier acuerdo debe implicar el cese total de las hostilidades, evitando así una reactivación del conflicto a corto plazo. Con ello, busca forzar una negociación más amplia que aborde las causas profundas de la guerra y no solo sus consecuencias inmediatas mediante un acuerdo más amplio que involucre a actores indirectamente relacionados con el conflicto.

Sanciones y seguridad, las líneas rojas de Irán

Uno de los pilares centrales del plan pasa por el levantamiento de las sanciones económicas impuestas por Washington, una exigencia que Teherán considera innegociable.

Junto a ello, reclama garantías firmes de seguridad que impidan nuevos ataques en el futuro. Irán insiste en que no negociará bajo amenaza militar y exige compromisos internacionales que blinden su integridad territorial.

Este enfoque eleva la propuesta de alto el fuego a un intento de redefinir el equilibrio estratégico en la región.

Ormuz y la reconstrucción de la región

El documento también incorpora demandas clave sobre el terreno económico y energético. Teherán plantea la necesidad de iniciar procesos de reconstrucción tras los bombardeos y abre la puerta a compensaciones económicas.

Además, introduce un elemento especialmente sensible: un protocolo de seguridad para el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del mundo. Su control ha sido uno de los detonantes de la crisis actual y sigue siendo un punto crítico para la estabilidad global.

Hasta el momento, Teherán ha rechazado de manera firme cualquier negociación que implique una pausa temporal en el conflicto, temiendo que un alto el fuego limitado no haga sino abrir la puerta a un reinicio de la guerra dentro de unos meses. La historia reciente refuerza esta desconfianza. En junio de 2025, durante la guerra de 12 días, Israel y Estados Unidos atacaron posiciones clave en Irán, eliminando a gran parte de la cúpula militar persa.

Desde entonces, el régimen iraní ha invertido esfuerzos en reorganizar su aparato militar, desarrollando un sistema de mando más horizontal y resiliente, diseñado para que la eliminación de sus líderes no comprometa su capacidad de defensa ni su potencial ofensivo en la región del Golfo.