Israel y Líbano, dispuestos a iniciar "negociaciones directas" para acordar un alto el fuego tras un primer encuentro en Washington

Con las conversaciones como telón de fondo, Líbano eleva a más de 2.100 las víctimas mortales por los ataques de Israel en el sur del país

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El secretario de Estado, Marco Rubio Europa Press/Contacto/Mehmet Eser

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Oriente Medio ha mirado este martes a Washington, donde han arrancado las conversaciones directas entre Israel y Líbano, un contacto sin precedentes en décadas que busca abrir una vía de desescalada en medio del recrudecimiento del conflicto en la frontera norte israelí y la ofensiva contra la milicia chií Hezbulá

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha recibido en la capital estadounidense a delegaciones de ambos países, que no mantienen relaciones diplomáticas desde la creación del Estado israelí en 1948, en una reunión que ha marcado el inicio formal de un proceso diplomático aún incipiente pero cargado de expectativas. 

Así, ambos Ejecutivos han acordado seguir adelante con ese diálogo, según se ha visto reflejado en un comunicado conjunto difundido por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que subraya que se han mantenido unas conversaciones “productivas sobre los pasos a seguir para iniciar negociaciones directas” entre ambos países.

“Esta reunión ha supuesto el primer encuentro importante de alto nivel entre los Gobiernos de Israel y Líbano desde 1993”, señala la nota sobre la cita, en la que han participado, además de Rubio, los embajadores de Israel y Líbano, Yechiel Leiter y Nada Hamadeh Moawad, respectivamente.

Un intento de alto el fuego en medio de la guerra abierta

“Somos conscientes de que nos enfrentamos a décadas de una historia compleja que no se resolverá de forma inmediata”, ha señalado Rubio antes del encuentro.

El secretario de Estado ha subrayado que el objetivo no es alcanzar soluciones rápidas, sino iniciar un proceso sostenido. “Podemos empezar a avanzar con un marco que permita que ocurra algo muy positivo, algo duradero, para que el pueblo libanés pueda tener el futuro que merece y para que el pueblo de Israel pueda vivir sin miedo”, ha afirmado.

La reunión, que ha empezado a las 11.00 de la mañana (hora local) y se ha prolongado durante algo más de tres horas, busca sentar las bases de un eventual alto el fuego y abrir un marco de negociación más amplio.

Washington ha elogiado a las dos delegaciones por una jornada que ha descrito como un “hito histórico” y ha expresado su “esperanza” de que las próximas rondas “puedan ir más allá del alcance del acuerdo de 2024”, en referencia al alto el fuego alcanzado en noviembre de ese año, y desemboquen en un “acuerdo de paz integral”.

Al mismo tiempo, la Administración Trump ha reiterado su respaldo a la continuidad de estas gestiones, así como a los planes anunciados por Beirut para “restablecer el monopolio de la fuerza”, aludiendo al desarme de Hezbolá, y, según ha indicado el propio Departamento, para “poner fin a la influencia dominante de Irán” en Líbano.

En esta línea, Washington ha insistido de nuevo en “el derecho de Israel a defenderse de los continuos ataques” del grupo chií. 

Beirut cree que es el "principio del fin" y Hezbolá rechaza las negociaciones

Desde Beirut, el presidente libanés, Joseph Aoun, ha acogido con esperanza el inicio de las conversaciones, asegurando que la reunión puede marcar el “principio del fin del sufrimiento de los libaneses”, especialmente de los del sur.

Aoun ha insistido además en la necesidad de que Israel se retire de las zonas ocupadas del sur del Líbano y ha planteado el despliegue del ejército libanés en esas áreas, actualmente bastión de Hizbulá, como parte de una eventual solución de estabilización.

El equipo negociador libanés ha remarcado, a su vez, la “necesidad urgente” de que Israel respete “plenamente” el alto el fuego pactado en noviembre de 2024 y ponga fin a sus ataques contra Líbano, apelando a los “principios de integridad territorial y plena soberanía estatal”.

El Gobierno libanés había solicitado en varias ocasiones a Israel la apertura de un canal de negociación directa, algo a lo que solo accedió el pasado jueves el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, cuando ordenó iniciar conversaciones bilaterales con Líbano para establecer “relaciones pacíficas” y trabajar de forma conjunta en “desmantelar” a Hezbolá.

Por su parte, el líder de la milicia chií, Naim Qassem, ha rechazado las conversaciones, calificando el intento diplomático como “inútil”.

Israel pide el desarme de todos los grupos terroristas

La delegación israelí, por su parte, ha reiterado “su apoyo al desarme de todos los grupos terroristas no estatales y al desmantelamiento de toda la infraestructura terrorista” en territorio libanés y ha mostrado su disposición a “colaborar” con el Gobierno de Beirut para ese fin.

“Israel ha expresado su compromiso de entablar negociaciones directas para resolver todas las cuestiones pendientes y lograr una paz duradera que refuerce la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en la región”, añade el comunicado conjunto.

Líbano eleva a más de 2.100 muertos las víctimas mortales

El arranque del diálogo se produce en un contexto de alta tensión en la región. Las Fuerzas de Defensa de Israel han advertido de la posibilidad de un aumento de los ataques de Hezbulá en las próximas horas, mientras instan a la población a mantenerse en alerta ante la evolución de la situación.

En paralelo, el Ministerio de Sanidad libanés ha elevado a 2.124 muertos y más de 6.900 heridos el balance provisional de víctimas desde el inicio de la escalada, en una guerra que ha intensificado la presión humanitaria en el país y ha desbordado la capacidad de respuesta en varias regiones del sur.

En este contexto regional de alta volatilidad, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha afirmado además que las conversaciones con Irán podrían reanudarse “en los próximos dos días”, lo que añade una nueva dimensión al tablero diplomático en Oriente Medio.

La administración estadounidense intenta así contener varios frentes simultáneos en una región donde cualquier avance diplomático convive con el riesgo permanente de una escalada militar.