El líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, ha anunciado este jueves que la gestión del estratégico estrecho de Ormuz “entrará en una nueva fase”, en un momento de máxima tensión regional tras la reciente tregua entre Estados Unidos e Irán, cuyo equilibrio sigue siendo incierto.
El aviso llega después de que Teherán haya reactivado su presión sobre el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico, un movimiento que ha generado preocupación internacional por el impacto que podría tener en el suministro energético global.
En un comunicado difundido por la televisión estatal, Jamenei ha insistido en que Irán “no busca la guerra”, aunque ha advertido de que “no renunciará a sus derechos”, al tiempo que ha reivindicado la unidad de los llamados frentes de resistencia, en referencia a sus aliados en la región, como Hezbolá en Líbano.
Un mensaje entre la advertencia y la diplomacia
El líder iraní ha combinado su mensaje con un llamamiento a la región, al asegurar que Teherán espera “una reacción adecuada” de sus vecinos para poder “mostrarles nuestra hermandad”, en una señal que mezcla tono conciliador con firmeza estratégica.
Sus declaraciones se producen en paralelo a la intensificación del conflicto en Líbano, donde los ataques israelíes han dejado más de 300 muertos en la última jornada, elevando el balance total a cerca de 1.900 fallecidos desde comienzos de marzo, según fuentes oficiales libanesas.
Riesgo de escalada regional
El estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial, se ha convertido nuevamente en epicentro de la tensión internacional. Cualquier alteración en su control o funcionamiento podría tener consecuencias directas en los mercados energéticos y en la estabilidad global.
Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos continúan. La ONU y actores internacionales insisten en mantener abiertos los canales de negociación, especialmente tras el alto el fuego entre Washington y Teherán, considerado “frágil” por varios líderes internacionales.