José Antonio Kast ha asumido este miércoles la Presidencia de Chile para los próximos cuatro años en una ceremonia celebrada en el Congreso, consumando así el retorno de la ultraderecha pinochetista a La Moneda. Tal y como había prometido, llegó al acto tras haberse dado de baja horas antes del Partido Republicano.
“Sí, juro”, ha manifestado Kast ante más de un millar de asistentes, entre ellos el ya expresidente Gabriel Boric, quien le ha impuesto la Medalla O'Higgins sobre la banda presidencial que previamente le había colocado la nueva presidenta del Senado, Paulina Núñez. Entre los invitados se encontraban también varios jefes de Estado de la región, como los presidentes de Argentina, Javier Milei; de Ecuador, Daniel Noboa; además del rey Felipe VI.
Kast proclama que "a partir de hoy las cosas van a cambiar"
Antes de desplazarse al Congreso, el nuevo mandatario chileno posó con su gabinete en el Palacio de Cerro Castillo, en Viña del Mar. Desde allí reaccionó al ataque sufrido este mismo miércoles por un carabinero en Puerto Varas, que le ha dejado en muerte cerebral.
“A partir de hoy las cosas van a cambiar. El que ataca a Carabineros, nos ataca a todos nosotros, prometo que los vamos a perseguir, a encontrar, a juzgar y a encerrar”, dijo Kast, quien encara una severa crisis de seguridad y económica que pretende enfrentar con un “gobierno de emergencia”, tal y como lo definió durante la campaña.
Entre las tareas que le aguardan figuran la reconstrucción de la zona centro sur del país, arrasada por los incendios forestales, así como la gestión de decisiones heredadas del Ejecutivo anterior, como el acuerdo con China para conectarse mediante un cable submarino de fibra óptica, que generó malestar en Estados Unidos.
Boric: “Un honor haber trabajado para ustedes”
En una de sus últimas intervenciones como jefe del Estado, Boric ha recibido los honores de despedida en La Moneda por parte de un piquete de Carabineros, a quienes ha agradecido por “cuidar la casa de todos los chilenos”.
“Como dice el adagio, gracias por tanto y perdón por lo poco. Pero hemos dado nuestro mejor esfuerzo”, ha señalado Boric, expresando su gratitud por el “cariño”, así como por las “críticas”, que “también ayudaron”.
“Estoy contento, estoy orgulloso, le deseo éxito al futuro gobierno, éxito para Chile y que nuestra patria siempre esté primero antes que cualquier interés, que cualquier diferencia”, ha expresado, dedicando además palabras de reconocimiento a los medios de comunicación. “Es fundamental para una democracia”, ha dicho.
Simpatía con el pinochetismo
La llegada de Kast a la jefatura del Estado, tras tres intentos previos, supone la entrada del pinochetismo en La Moneda por primera vez en democracia, después de imponerse en la segunda vuelta de las presidenciales de diciembre a la candidata progresista Jeannette Jara, con el 58% de los sufragios.
Escarmentado por anteriores citas electorales, en las que algunos sectores conservadores condicionaron su respaldo a compromisos democráticos, en esta ocasión Kast ha tratado de presentarse como un dirigente más moderado, aunque su programa político mantiene intacta su impronta ideológica.
En una campaña prácticamente vacía de debate de fondo, tanto Kast como Jara recurrieron a los temores del electorado. En el caso del nuevo presidente, repitió las mismas promesas que en su día enarboló quien ha reconocido como su referente, el dictador Augusto Pinochet: orden, mano dura y defensa de los valores tradicionales.
El nuevo jefe del Estado chileno es hijo de Michael Kast, un nazi con carné del partido, que, como muchos otros, terminó refugiándose en América Latina al amparo de las dictaduras fascistas que en aquel momento dominaban la región.