El economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Máximo Torero Cullen, ha alertado este jueves de las graves consecuencias que la intensificación de la violencia en el Golfo Pérsico está teniendo sobre la producción agrícola y la seguridad alimentaria “en todo el mundo”, con efectos que alcanzan tanto a los agricultores como a los trabajadores migrantes.
En una comparecencia ante los medios, Torero ha explicado que el repunte del conflicto en esta región “ha provocado una de las interrupciones más rápidas y severas de los flujos mundiales de productos básicos en los últimos tiempos”, por lo que ha insistido en la necesidad de hallar una salida a esta situación “lo antes posible”.
El experto ha subrayado que el cierre o bloqueo del estrecho de Ormuz, un enclave clave por el que diariamente circula en torno al 35% del comercio mundial de crudo, el 30% de los fertilizantes y alrededor de una quinta parte del gas natural licuado, golpea de lleno al sector agrícola. Según ha indicado, los agricultores sufren un “doble golpe” derivado del encarecimiento del combustible y de los fertilizantes, insumos esenciales para mantener la producción.
De acuerdo con un análisis de la consultora Roland Berger, el hecho de que por esta ruta marítima transite un tercio de la urea global y el 45% del azufre del planeta podría traducirse en un incremento de hasta el 200% en el precio de los fertilizantes si el paso permanece cerrado.
Países más expuestos y efectos sobre los migrantes
En el caso de Irán, que genera en torno al 70% de sus propios fertilizantes y cubre el resto mediante importaciones, Torero ha advertido de que el coste de los alimentos “se está disparando”. Asimismo, ha señalado que “grandes exportadores de alimentos” como Qatar o Emiratos Árabes Unidos afrontarán “dificultades” ante la falta de buques que se dirijan a sus puertos.
A este escenario se suma el riesgo de una disminución de las remesas enviadas por los “millones” de trabajadores migrantes originarios del sur de Asia y del este de África que residen en los países del Golfo, lo que podría agravar la vulnerabilidad económica de sus familias y comunidades de origen.
Torero Cullen considera que, “si se encuentra pronto una solución”, los mercados “podrían estabilizarse en unos tres meses”. Sin embargo, ha advertido de que un bloqueo de esa duración “afectará a todos los agricultores del mundo” y tendrá efectos “sobre todo en la próxima temporada”, al repercutir en el rendimiento de las cosechas.
Este impacto se vería acompañado, además, por una posible intensificación de la competencia del sector de los biocombustibles, “especialmente si los precios del petróleo superan los 100 dólares (unos 86 euros) por barril”, un contexto que “beneficiaría a los agricultores”, pero “perjudicaría a los consumidores” al presionar al alza los precios de los alimentos.
Prioridades regionales y propuestas de respuesta
Con la vista puesta en el corto plazo, el economista jefe de la FAO ha señalado que deben recibir atención prioritaria países como Sri Lanka y Bangladesh, donde en estos momentos se están desarrollando las campañas de recolección de arroz.
La organización también ha descrito a numerosos Estados africanos como “vulnerables”, debido a su fuerte dependencia de la importación de fertilizantes, y ha anticipado que las perturbaciones en los suministros podrían terminar afectando igualmente a “grandes exportadores” agrícolas como Argentina, Brasil y Estados Unidos.
Entre las medidas para amortiguar la crisis, Torero ha planteado la necesidad de habilitar rutas alternativas de transporte en el corto plazo y de ofrecer “ayuda de emergencia” a la balanza de pagos de los países más dependientes de las compras al exterior “antes de la siembra”.
A medio plazo, la FAO insta a los gobiernos a “diversificar las fuentes de importación de fertilizantes”, reforzar los mecanismos de intercambio de reservas a nivel regional y evitar imponer restricciones a las exportaciones, mientras que, a largo plazo, reclama políticas que permitan “aumenta[r] la resiliencia” de los sistemas agroalimentarios.
“Debemos otorgar a los sistemas alimentarios la misma importancia estratégica que a los sectores de la energía y el transporte, invirtiendo en consecuencia para minimizar esas crisis”, ha concluido el economista jefe de la FAO.