La junta militar que controla Birmania desde el golpe de Estado de febrero de 2021 ha planteado este martes la apertura de un proceso de diálogo con los grupos rebeldes, fijando un plazo máximo de 100 días para su desarrollo. En este marco, ha pedido de forma específica a la Fuerza de Defensa del Pueblo (FDP) que se incorpore a estas conversaciones.
El anuncio llega mientras prosiguen los combates entre las fuerzas gubernamentales y las milicias insurgentes en distintos puntos del país. El líder de la junta y actual presidente, Min Aung Hlaing, ha decidido habilitar este periodo para intentar iniciar contactos políticos tras reunirse con varias organizaciones armadas, entre ellas el FDP, brazo armado del autodenominado Gobierno de Unidad paralelo en el exilio.
Asimismo, ha llamado a las facciones que aún no han suscrito el acuerdo nacional de alto el fuego a sumarse a las conversaciones antes del 31 de julio. Sin embargo, la junta ha evitado mencionar al Gobierno de Unidad, al que sigue considerando una organización terrorista, de acuerdo con las informaciones difundidas por el medio birmano Irrawaddy.
Entre los grupos que sí han firmado el alto el fuego figuran la Unión Nacional Karen, el Partido de Liberación de Arakán, el Frente Nacional Chin, el Consejo de Restauración del estado de Shan y el Ejército de Liberación Nacional Pa-O, entre otros actores armados presentes en el conflicto birmano.
Birmania continúa atrapada en una prolongada guerra interna. El pasado mes de enero se celebraron elecciones para renovar la Cámara, que deberá elegir ahora al próximo presidente del país, un puesto que el jefe de la junta, Min Aung Hlaing, aspira a mantener.
El golpe militar de 2021 fue ejecutado por el Ejército para invalidar los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2020, en las que la Liga Nacional para la Democracia (NLD) de Suu Kyi obtuvo una amplia mayoría parlamentaria. Los militares alegaron un supuesto fraude electoral, una acusación que ha sido puesta en duda por observadores internacionales.
Tras la asonada, el país ha vivido una severa campaña de represión contra opositores, activistas y manifestantes, al tiempo que se intensificaban los choques armados entre las fuerzas gubernamentales y diversos grupos rebeldes en varias regiones, especialmente en áreas del noreste próximas a la frontera con China y en el estado de Rajine, en el oeste del país.