El Gobierno de transición de Burkina Faso ha aprobado este jueves un decreto que suprime la totalidad de los partidos y formaciones políticas del país, argumentando que la decisión pretende “allanar el camino para una reforma del sistema de gobernanza política”.
Según el comunicado difundido por el Servicio de Información del Ejecutivo, el Consejo de Ministros, encabezado por el presidente Ibrahim Traoré, ha dado luz verde a varios decretos “para el buen funcionamiento de la nación y la mejora de las condiciones de la vida del pueblo burkinés”.
El ministro de Estado, Émile Zerbo, ha detallado que “esta importante decisión se enmarca en la reforma del Estado y es consecuencia de un análisis exhaustivo del sistema de partidos, que reveló numerosos abusos en la aplicación del marco legal de los partidos y formaciones políticas”.
Las autoridades de Uagadugú sostienen que la “proliferación de partidos políticos ha propiciado abusos, fomentando la división ciudadana y debilitando le tejido social”. En esta línea, han subrayado que “esta medida busca preservar la unidad nacional, fortalecer la coherencia de la acción gubernamental y allanar el camino para una reforma del sistema de gobernanza política”.
Un nuevo plan de recuperación para 2026-2030
Paralelamente, el Consejo de Ministros ha dado su visto bueno a un 'Plan de Recuperación', definido como el “nuevo marco nacional de desarrollo para el periodo 2026-2030 y está valorado en 36 billones de francos centroafricanos (54.900 millones de euros).
El programa se articula en torno a cuatro ejes principales: consolidar la seguridad, la cohesión social y la paz; reformar el Estado y reforzar la gobernanza; impulsar el capital humano; y potenciar las infraestructuras para transformar de forma estructural la economía.
Con la puesta en marcha de este plan, el Ejecutivo “aspira a importantes objetivos, como la recuperación completa del territorio, la reducción de la tasa de pobreza del 42% al 35%, el aumento de la esperanza de vida de 61 a 68 años y la triplicación de la capacidad energética”.
Burkina Faso, gobernado desde 2022 por una junta militar liderada por Ibrahim Traoré, sufre un fuerte deterioro de la seguridad desde 2015, marcado por ataques de las filiales de Al Qaeda y Estado Islámico. Esta violencia ha alimentado los enfrentamientos entre comunidades y ha favorecido la expansión de grupos de autodefensa, a los que el Gobierno ha incorporado a 'voluntarios'.