Naciones Unidas ha reclamado este martes una investigación “independiente” y “transparente” sobre la “trágica explosión” ocurrida en un hospital de Kabul, capital de Afganistán. El llamamiento llega después de que las autoridades talibán hayan denunciado más de 400 fallecidos en lo que describen como un bombardeo procedente de Pakistán, país que ha rechazado cualquier implicación en el ataque contra el centro sanitario.
El portavoz de la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Thameen al Kheetan, ha señalado que “la trágica explosión registrada esta noche en un centro de rehabilitación contra las drogas en Kabul, que según informaciones disponibles, dejó decenas de pacientes muertos, debe ser investigada de forma rápida, independiente y transparente”.
Al Kheetan ha insistido en que “los responsables deben rendir cuentas conforme a las normas internacionales”, y ha recalcado que las conclusiones de la investigación “deben hacerse públicos”. Durante una comparecencia ante los medios, ha añadido que “las víctimas y sus familias tienen derecho a una reparación”.
El portavoz ha explicado que “los testigos describen una escena de total destrucción en el hospital, con cientos de personas buscando a sus familiares”, y ha recordado que, en el contexto del conflicto entre Pakistán y Afganistán, el Derecho Internacional establece que los civiles están “totalmente protegidos”.
En la misma línea, ha remarcado que “las leyes de la guerra determinan claramente que todo ataque debe cumplir con los principios fundamentales de distinción, proporcionalidad y precaución”, y ha destacado que “el Derecho Internacional Humanitario prevé protecciones específicas y reforzadas para las instalaciones médicas”.
Al Kheetan ha detallado que, desde el inicio de las hostilidades a finales de febrero, 289 civiles afganos, entre ellos 104 menores, han muerto o han resultado heridos. Asimismo, ha indicado que decenas de miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, sobre todo en el sur y el sureste del país.
También ha subrayado que “en Pakistán, muchos se han visto también forzados a huir de sus hogares y las escuelas han sido cerradas”, antes de reiterar el llamamiento del jefe de Derechos Humanos de la ONU, Volker Turk, para que las partes apliquen “medidas efectivas” que garanticen la protección de la población civil, pongan un fin “inmediato” a las hostilidades y permitan el acceso de ayuda humanitaria a los afectados.
Por otro lado, el director de la organización no gubernamental Save the Children en Afganistán, Bujar Hoxha, ha calificado como “devastador” que “un hospital en Kabul, un lugar al que acuden las personas en busca de ayuda, haya sido atacado”.
Hoxha ha subrayado que “los civiles que buscan atención médica nunca deberían quedar atrapados en el fuego cruzado. Cuando la violencia llega a los centros de tratamiento y refugio, representa un grave fracaso en la protección de quienes corren mayor riesgo”.
El responsable de Save the Children ha advertido de que “si el conflicto persiste, las niñas y niños serán de los primeros en sufrir aún más de lo que ya han sufrido. Todas las partes tienen la responsabilidad de proteger a la infancia en situaciones de conflicto”, según un comunicado de la organización.
Por último, ha recalcado que Save the Children, presente en Afganistán desde 1976, “exige el cese inmediato de las hostilidades, como única manera de proteger a los niños y niñas de la violencia y otras violaciones de sus derechos”.