La victoria de Fernández consolida el avance del modelo derechista que capitaliza el descontento en Costa Rica

La victoria de Laura Fernández abre la “tercera república” en Costa Rica y consolida una nueva derecha que canaliza el descontento social.

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Laura Fernández, presidenta electa de Costa Rica. Europa Press/Contacto/Francisco Canedo

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La presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, ha proclamado el arranque de la “tercera república” tras imponerse en las elecciones de este domingo, comprometiéndose a levantar un nuevo proyecto de país continuista con el mandato de Rodrigo Chaves y respaldado, esta vez sí, por la mayoría absoluta en el Parlamento que su antecesor no logró. “El cambio será profundo e irreversible”, ha subrayado la ganadora.

“Nos toca a nosotros edificar la 'tercera república'. Por eso y para eso se instalará el nuevo gobierno que habremos de inaugurar el próximo 8 de mayo”, ha afirmado Fernández, candidata oficialista de 39 años, después de arrasar en los comicios presidenciales de este domingo con una victoria en primera vuelta.

La segunda mujer que llegará a la jefatura del Estado tras Laura Chinchilla ha anunciado un giro de etapa con el que el oficialismo pretende dar por concluida la Segunda República, instaurada por un gobierno de facto revolucionario en mayo de 1948, después de un mes de guerra civil que dejó cerca de 2.000 muertos, a raíz de la anulación de las elecciones de ese año en las que había vencido la oposición.

En esos 18 meses hasta la ratificación del triunfo electoral de Otilio Ulate Blanco se fijaron algunos de los principales hitos de la democracia costarricense, como la abolición del Ejército, el fin de la segregación racial, la aprobación del sufragio femenino y la creación del Tribunal Superior Electoral.

En su intervención como vencedora, Laura Fernández ha dedicado buena parte del mensaje a cargar contra los medios de comunicación y los partidos, a quienes ha anticipado que en esta nueva etapa deberán asumir una forma distinta de actuar y de ejercer la oposición, en un contexto de fuerte desgaste, sobre todo, de las formaciones tradicionales.

“Mi gobierno les concederá los espacios pertinentes para que cumplan los deberes cívicos y políticos”, ha indicado en referencia a aquellas fuerzas “que no se vieron favorecidas en las urnas” durante estas ya pasadas elecciones.

SUGIERE CAMBIOS EN PAPEL DE LA PRENSA

En relación con la prensa, uno de los blancos habituales del presidente saliente Rodrigo Chaves, su sucesora ha planteado también modificaciones tras denunciar que se trata de un “servicio a la sociedad”, que debería ejercerse con “objetividad, veracidad y responsabilidad”, y que, según ha criticado, se está usando de “forma chantajista y extorsiva para favorecer intereses económicos particulares”.

“El papel de la prensa en la 'tercera república' debe ser auténticamente libre para cumplir su labor cotidiana de informar a la ciudadanía sobre el acontecer nacional”, ha sostenido la nueva presidenta de Costa Rica.

El holgado triunfo de Laura Fernández en primera vuelta refuerza el ascenso de esta nueva derecha articulada en torno a la figura de Chaves, que canaliza el malestar acumulado de amplios sectores de la sociedad costarricense hacia una “refundación” del Estado, basada en una mayor concentración de poder en el Ejecutivo, menos contrapesos institucionales y la posibilidad de introducir reformas constitucionales.

Con el dominio de la Asamblea, la presidenta tendrá margen para impulsar la mayoría de las iniciativas legislativas que el oficialismo viene reclamando en los últimos años, especialmente en materia de seguridad, una de sus principales banderas, pese a que los índices de criminalidad y de muertes violentas se han incrementado recientemente.

Todo ello se produce en un escenario en el que diversos sectores alertan de una posible deriva autoritaria tras cuatro años marcados por la crispación, el aumento de la polarización, los choques constantes con las instituciones y los guiños al modelo salvadoreño del presidente Nayib Bukele, incluida la reelección consecutiva mediante cambios en la Constitución.

Fernández, sin embargo, ha querido remarcar desde la misma noche electoral que su administración será “de diálogo y respetuoso con el Estado de derecho” y que como jefa de Estado no tolerará “nunca” ramalazos autoritarios.

Aunque su victoria se explica en buena medida por la elevada popularidad de Chaves —quien durante la campaña asumió un papel central pese a vulnerar la normativa electoral y la propia Constitución—, en Costa Rica no se descarta que Fernández, aprovechando ciertas fracturas internas, intente marcar un rumbo propio.