El líder eclesiástico latino en Jerusalén califica de inaceptable e injustificable la situación en Gaza

El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, ha expresado su condena hacia las circunstancias actuales en la Franja de Gaza después de visitar la ciudad y reunirse con congregantes en la única iglesia católica del área, recientemente atacada por fuerzas israelíes, hecho que resultó en al menos tres fallecidos. «Es moralmente inaceptable e injustificable», declaró tras su visita. «Lo hemos visto. Hombres resistiendo al sol durante horas con la esperanza de una simple...

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El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, ha expresado su condena hacia las circunstancias actuales en la Franja de Gaza después de visitar la ciudad y reunirse con congregantes en la única iglesia católica del área, recientemente atacada por fuerzas israelíes, hecho que resultó en al menos tres fallecidos. «Es moralmente inaceptable e injustificable», declaró tras su visita.

«Lo hemos visto. Hombres resistiendo al sol durante horas con la esperanza de una simple comida. Es una humillación difícil de soportar cuando la ves con tus propios ojos. Es moralmente inaceptable e injustificable», señaló Pizzaballa en una rueda de prensa, añadiendo que tanto él como Teófilo III, patriarca ortodoxo de Jerusalén, «vuelven de Gaza con el corazón roto».

«Entramos en un lugar de devastación, pero también de maravillosa humanidad. Caminamos entre el polvo de las ruinas, edificios derrumbados y tiendas de campaña por todas partes», continuó, destacando que estas tiendas «se han convertido en casas para los que lo han perdido todo». «Estuvimos junto a familias que han perdido la cuenta de los días de exilio porque no ven horizonte para un retorno. Los niños hablaban y jugaban sin pestañear, acostumbrados a los ruidos de los bombardeos», relató.

Asimismo, subrayó que en su visita presenciaron «algo más profundo que la destrucción: la dignidad del espíritu humano que se niega a ser extinguido». «Cristo no está ausente en Gaza. Está allí, crucificado en los heridos, enterrado bajo los escombros y, aún así, presente en cada acto de piedad, en cada vela en la oscuridad, en cada mano extendida a los que sufren», afirmó Pizzaballa.

«Es importante enfatizar y repetir que nuestra misión no es para un grupo específico, sino para todos», comentó. «La ayuda humanitaria no es solo necesaria, es un asunto de vida o muerte. Negarla no es un retraso, sino una sentencia. Cada hora sin comida, agua, medicina y refugio causa un profundo daño», lamentó, refiriéndose a las severas restricciones israelíes sobre la entrada de ayuda humanitaria a Gaza.

En este contexto, mostró su apoyo a las agencias humanitarias que «arriesgan todo para llevar vida a este mar de devastación humana» y enfatizó que «es momento de poner fin a este sinsentido, acabar con la guerra y poner el bien común de la gente como principal prioridad», de acuerdo con la transcripción de sus palabras proporcionada por el Patriarcado Latino de Jerusalén.

«Rezamos, y pedimos, por la liberación de todos los privados de libertad, la vuelta de los desaparecidos, los rehenes y la curación de las familias que sufren desde hace mucho en todas partes», sostuvo Pizzaballa, quien enfatizó que «una vez termine la guerra habrá un largo camino por delante para iniciar el proceso de sanación y reconciliación entre los pueblos palestino e israelí».

Finalmente, destacó que el conflicto «ha causado muchas heridas en la vida de demasiada gente», abogando por «una reconciliación auténtica, dolorosa y valiente». «No olvidar, pero perdonar. No eliminar las heridas, sino convertirlas en sabiduría. Solo ese camino puede hacer posible la paz, no solo a nivel político, sino humano», concluyó.

Por su parte, Teófilo III expresó que Gaza «es una tierra marcada por la prolongada aflicción y horadada por los llantos de su pueblo». «Entramos como sirvientes del sufriente cuerpo de Cristo, caminando entre los heridos, los afligidos, los desplazados y los fieles cuya dignidad permanece intacta a pesar de su agonía», manifestó.

«Allí encontramos a personas aplastadas por el peso de la guerra que aún así llevaban con ellos la imagen de Dios. Entre los muros rotos de la Iglesia de la Sagrada Familia y los corazones heridos de sus fieles, fuimos testigos tanto de un profundo dolor como de una esperanza inquebrantable», destacó.

«La misión de la Iglesia en tiempos de devastación se basa en el ministerio de la presencia, en acompañar a quienes lloran, en defender la sacralidad de la vida y en dar testimonio de la luz que ninguna oscuridad puede extinguir», dijo, antes de hacer un llamado a la comunidad internacional para que no se mantenga en silencio ante el sufrimiento, calificándolo de «una traición a la conciencia».